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Labañou RECUERDOS; AMISTAD Y SOBRE TODO BUEN HUMOR

13 Febrero 2010

Labañou: Una historia sin nombre (Parte VI)

 UNA HISTORIA SIN NOMBRE

Parte VI

 

 

Pero no todo fue diversión. A mi buen amigo Carlos, le gustaba muchísimo la velocidad, algún susto que otro ya habíamos padecido por esa causa, aunque afortunadamente y de momento, de ahí no había pasado. Lo que sucede es que la velocidad es como una droga, cuanto más cerca sientes el riesgo, más quieres correr, sin caer en la cuenta que semejante temeridad, te puede llevar sin remisión, a la tragedia y de ahí a la fatalidad.

 

En las cercanías de Madrid, hay una localidad, por la que discurre una carretera con una pendiente muy famosa, conocida, sobre todo, en el ambiente motorizado de las dos y las cuatro ruedas, en la que en aquel entonces, los fines de semana, más que nada en verano, amparados en la nocturnidad de la madrugada, se realizaban competiciones de velocidad, por supuesto privadas y no permitidas, en las que entre los participantes y asistentes, se hacían apuestas, cuyo premio al ganador, era una parte del montante del dinero de dichas apuestas, desgraciadamente, nosotros, participamos varias veces, no era por el dinero, sino por la afición que tenía Carlos a la velocidad, yo ni sabía conducir y en aquel entonces, ni tan siquiera me gustaba y mucho menos las locas prisas de mí amigo, y por supuesto, ni los riesgos innecesarios. Simplemente le acompañaba, era un amigo y no quería dejarle sólo. No obstante, a pesar de hablarlo y comentarlo entre los dos en múltiples ocasiones, en el sentido que debíamos de dejar a un lado semejante práctica, por lo irracional de nuestra conducta, incidiendo por mí parte con insistencia, del peligro real que encerraba esa clase de deporte y que, cualquier día, tendríamos un disgusto del cual, quizá, no tuviéramos oportunidad de arrepentirnos, él asentía y reconocía que así era, pero de modo inmediato, dejaba en el aire una preguntaba, ¿dime algo en esta vida que no sea riesgo, en mayor o menor medida? Para terminar sentenciando, la vida misma es un peligro y un riesgo constante.

 

Y llegó el fatal día. Se había iniciado la competición, las salidas se dividían en mangas, para que lo entiendas, dos vehículos a la par, el que llegaba en segundo lugar quedaba eliminado y así sucesivamente hasta el final, en el que tan sólo quedaba un ganador. Nosotros éramos de la segunda tanda, a la derecha, un coche, a la izquierda, el nuestro, tomamos la salida, circulábamos a la par, la carretera todavía era recta y llana, faltaban unos cuantos cientos de metros para llegar a un cambio de rasante, inmediatamente anterior a una subida que se iniciaba con una curva, entramos y salimos bien de ella, en esto, en el instante en que iniciábamos la pendiente, el otro vehículo derrapó, cruzándose en la carretera, vamos directos hacia él, Carlos trata de esquivar la embestida, rodamos sobre dos ruedas, pero en un alarde de pericia, logra que las cuatro ruedas vuelven a entrar en contacto con el asfalto, y por el efecto, un leve salto, vamos por el aire, aunque en milésimas de segundo, vuelve el equilibrio, puesto que estamos otra vez en el firme de la calzada, en ese instante sin saber por qué, justo en el momento de la toma de contacto con el suelo nuestro vehículo, salió disparado fuera de la carretera yendo a impactar contra una columna de hormigón del tendido eléctrico, aparentemente, no sufro lesión alguna, me quito el cinturón, miro hacia el compañero, no se mueve, trato de salir de aquel amasijo de chatarra, salgo, todavía hoy no me explico como pude salir, voy por fuera, al otro lado, trato de abrir la puerta, la abro, Carlos inerte, pienso que inconsciente. Cuando llegan las asistencias a nuestro lado, sentado en el suelo, tengo entre mis brazos y pecho el cuerpo sin vida del mejor amigo, unas lágrimas de rabia, producto de la impotencia y del dolor, resbalaban por mis mejillas, sin saber que hacer ni que decir, mis ojos miraban al cielo, pidiendo perdón, pero más que nada piedad y un milagro. Aquel temerario y maldito juego, había cercenado una vida en plena juventud, un cuerpo sin aliento quedaba al borde de la carretera.

 

Eso que acabas de contar es fuerte, muy fuerte, no cabe duda y por lo que observo, parece como sí te reconfortara hablar de ello, sigue hablando sí quieres, ¿no? Prefieres que siga yo con mí relato,

 

Sí, por favor, de momento prefiero guardar silencio, y como bien dices, necesitaba hablar con alguien de éste triste pasaje de mí vida, que a pesar del tiempo transcurrido, permanece dentro de mí el desequilibrio emocional como si hubiese acaecido ayer, el habértelo contado me reconforta, es como desprenderse de una carga muy superior a lo que uno puede soportar, pasar por una situación como esa, no se la deseo ni al peor enemigo, condiciona tu vida de tal manera, que incluso, aunque sea tremendamente irracional, llegas a plantearte sí Dios existe, el dolor anímico permanece dentro de ti y te asalta la duda y te preguntas continuamente sí algún día llegará a reinar la tranquilidad en tu alma, no te puedes imaginar el dolor y la pena que me acompaña desde aquella.

 

Te comprendo. Bueno, ya que así lo deseas, trataré de seguir relatando pasajes de mí vida y de paso hacerte el momento más agradable, tal vez algunas de ellas no te gusten. Y fue desde aquel beso. Todo mí entorno se había convertido en algo distinto, ya nada sería igual, como puedes suponer no era precisamente por el beso, obviamente, aquel y las caricias posteriores, era la continuación, la confirmación de nuestro amor, había soñado miles de veces que me decías al oído lo que sentías por mí, pero hasta ese día y momento, desde que nos conocíamos, jamás habías hecho o dicho algo parecido, era inmensamente feliz, respiraba solo por y para ti, aunque no te lo pareciera, ya ves, tenías dudas ¿o no? Claro que sí y yo también, eran mutuas, pero bueno, así fue pasando el tiempo, hasta aquel día en el que ya no había escapatoria posible, me refiero a que tendría que comunicarte sin más dilación el cambio de residencia, fijando el domicilio fuera de nuestra ciudad, y además, continuar con mis estudios.  

 

     Corría el verano, agosto, tomamos un autobús y nos fuimos a una playa cercana, era la disculpa para estar solos y poder hablar con libertad, confiarte los imponderables que concurrían, a lo que estaba obligada por la lógica aplastante de mis mayores, y cuando así te lo dije, tú lo encajaste con tranquilidad, pero en desacuerdo, estábamos en un descampado que existía muy cerca de la playa, debajo de unos árboles ¿recuerdas? Nos abrazamos y te abracé fuertemente, como quien echa el ancla para no moverse jamás, llorando y tú bebiste mis lágrimas y con ellas la promesa de que a pesar de las dificultades e inconvenientes, irías a verme, creí en ti y te amé un poco más, porque sabía de las dificultades con las que te ibas a encontrar para verme, esa declaración hizo que en mí interior se desatara la pasión y la certeza clara que a partir de ese instante mis sentimientos hacia ti se declaraban de manera indisoluble. A pesar del tiempo transcurrido aún hoy en día, el recuerdo es la nostalgia, el cariño y la tranquilidad que dan los años para verlo con la claridad suficiente y objetiva, que todo aquello fue como un sueño vivido intensamente por dos personas llenas de inocencia, candor, cariño y amor. Fue uno de los momentos determinantes y más bellos de mí vida, así lo recuerdo, todavía permanecen claros en la memoria.

    

Luego de aquel episodio de la despedida, mí vida transcurrió con monotonía, nada que pueda ser mencionado por su escaso interés, salvo dos llamadas de teléfono el primer año, por mí santo y por el cumpleaños. Esas dos llamadas tuyas, las recuerdo con tristeza, el efecto que me causaron fue todo lo contrario a cualquier manifestación de alegría o felicidad. Al año siguiente conocí a Santiago, así se llamaba el que luego sería mí marido, coincidimos en casa de unos amigos, en una fiesta, me lo presentaron y simpatizamos, era un algo, bastante, mayor que yo, estaba de notario en un pueblo cercano y como puedes suponer no era mal partido y la persona idónea para estabilizarme anímicamente, así que comenzamos a salir, era amable, simpático, inteligente, respetuoso, educado, detallista y atentísimo. Ese mismo año, apareciste tú, buscándome después de no sé cuanto tiempo ¿dos años quizá? No recuerdo, pero había pasado mucho tiempo, el suficiente para estar esperando a que se cumplan las promesas y otras cosas y que nada tenían que ver con el amor o el desamor o de traición o de compás de espera, eso son zarandajas que se suelen decir en estos casos, entiendo que, aparte del amor, es una cuestión de principios, de respeto hacía los demás y de madurez de la persona.

 

     Tal como te había dicho en aquella ocasión, la de nuestro último encuentro, salía con una persona y era mí novio, un año y medio después de aquel último contacto entre tú y yo, me casé con Santiago, aunque bien es verdad que en ese momento le quería pero no le amaba, a pesar del reconocimiento expreso de las inmensas cualidades que reunía, no obstante, con el transcurrir del tiempo llegué a amarle y me hizo feliz. Al poco tiempo vino destinado a esta ciudad, nació nuestro primer hijo y cinco años más tarde nació el segundo. Yo había terminado Derecho, pero no llegué a ejercer, todo lo más que hice para demostrar mis habilidades de licenciada, fue trabajar en el despacho de mí marido, hasta el momento del primer embarazo y desde ahí, para de contar, por otro lado, tenía y tengo, como sabes, el comercio, heredado de mí abuela, y allí, pasaba y pasó, la mayor parte del tiempo.

 

Al cabo de diez años de matrimonio Santiago murió, una cruel y penosa enfermedad acabó con su vida, fue una gran pérdida, sobre todo para los niños, aún hoy lo echamos de menos y va camino de 10 años. Era un gran hombre y una mejor persona. Mis dos hijos, están aquí estudiando en la Universidad, el mayor acabará en este Curso la carrera de Ciencias Exactas y el pequeño cursa segundo de Ingeniero de Caminos, yo sigo en el comercio que tú conoces y nada más que contar. Y ahora dime, ¿cómo te encuentras?

 

   Creo que, en cierto modo, algo mejor sí estoy, y con ganas de hablar y en relación con ese tema, decirte que estoy totalmente convencido que el destino es caprichoso, hace y deshace a su antojo, formó una familia y en poco tiempo acabó con ella. El Destino, con mayúsculas, y sus consecuencias, son imprevisibles, aunque la capacidad y comportamiento del ser humano está calculado en orden y medida, para superar, aunque sea con dificultades, la mayoría de las adversidades que se presentan, al menos en términos generales.

    

Pasar por ciertos trances, desgraciadamente, por los que todos tenemos que pasar, marcan y te traumatizan. Yo pasé por ello, cierto que no es comparable con el tuyo, pero me dejó la huella de una vida truncada en plena juventud, de una amistad arrancada por la fuerza y por la ley del destino, pero tenemos que seguir y hacer frente de nuevo a estos avatares y a los que se presenten, creo que desde aquel día, el tristemente recordado por lo fatídico, nunca llegué a ser el mismo, después de recuperarme en lo físico, un par de costillas y un brazo fracturado por tres sitios, quedó lo psíquico, anímicamente quedé bastante mal parado, tardé muchos meses en apartar de la memoria, aquel trágico accidente, perdí el trabajo, cosa que no me preocupaba en absoluto, pasaba totalmente del tema, por indolencia y abulia total, pensaba que la falta de trabajo no tiene por qué condicionar tu vida, ¡qué iluso! Esto creía, sin embargo, la realidad es bien distinta, es esencial, condiciona tu vida por entero sí careces de él, naturalmente por la repercusión económica, pero en aquellas fechas yo entendía que el no tener trabajo, no iba a ser una limitación para el desarrollo de mí vida, aún me quedaba algún dinero y la familia de Carlos, en contra de mí voluntad, gestionó y pudo conseguir una pequeña indemnización a cargo de la compañía aseguradora del coche, en compensación por las lesiones derivadas del accidente, o sea, que casi estaba boyante, aunque, como digo, no era la mayor preocupación el tema económico.

 

Y la vida sigue, tiene que seguir y hay que enfrentarse a ella con los recursos que dispongas, y sí no los tienes, los buscas, pero haciendo algo y en lo que se tercie. Por supuesto que la ayuda externa tiene la consideración de fundamental. Ciertos personajes, se volcaron conmigo, me echaron una mano, en la parte más esencial y en lo que más necesitaba, en lo anímico, trataron por todos los medios de que olvidara lo más pronto posible aquel episodio, sobre todo un buen amigo que se llamaba Tony, entre él y su novia, no me dejaban ni a sol, ni a sombra y sí no llego a imponer cierto orden, ni para dormir me dejaban sólo. Todo eran atenciones y preocupación por el estado tan lastimoso en el que me encontraba, no daban un paso sin contar conmigo, pero esto me agobiaba, en principio lo agradeces, pero con el paso de los días, te das cuenta que se convierte en un problema, y no precisamente para mí, no lo podía consentir, ellos debían y tenían que vivir su vida, aunque de vez en cuando, en alguna ocasión puntual, quisieran tenerme en cuenta. Un buen día, tomé la decisión de hablar muy seriamente con este amigo y le comenté que el agradecimiento hacía él era superior, pero que no podían, ni él, ni su novia, hipotecar y condicionar su vida teniéndome siempre presente, además, casi estaba curado o al menos iba por el buen camino, él lo entendió y su compañera también. A partir de ahí, las cosas empezaron a funcionar un poco mejor, nos veíamos esporádicamente, es decir, como en tiempos anteriores al accidente, en alguna celebración o en visitas de cortesía, vamos, de esas ocasiones que no tienes mucho que hacer y que el síntoma más claro, es el aburrimiento, entonces vas y dices, podía hacerle una visita a tal o a cual, sí, al menos, saldré de la monotonía del momento. Un buen día me llamó la novia de Tony para decirme sí me interesaría un trabajo, le contesté afirmativamente y fui a verla, ella era una persona muy relacionada en el mundo de la moda y tenía contactos, bastantes, así que acepté, ¿total que más da una cosa que otra? En fin, vuelta al trabajo. Al puesto ofrecido se le denominaba como algo parecido a coordinador de "funciones varias". Me explico, como sabes la moda es por temporadas y se organizan actos de presentación de los diversos modelos, el trabajo consistía en dotar para cada ocasión, los artilugios, productos o cualquier otra cosa, por peregrina que fuese y que se hiciera necesaria en cada lugar y situación. Una vez empezado el acto, corrían a mí cargo luces y sonido, es decir la música y la iluminación para realzar la puesta en escena del desfile de las modelos y el vestuario, aquello me gustaba, aunque en esa época, todo hay que decirlo, no era muy rentable y además, se hacían desfiles esporádicamente, o sea en cada estación del año, ante lo mucho que había que hacer y la poca rentabilidad económica, me decidí a dejarlo.

 

Luego de unos cuantos vaivenes, en los que el desenvolvimiento personal deja mucho que desear con actuaciones criticables e incluso rayando en la delincuencia, frecuentando ambientes y personajes desheredados de la fortuna, recapacito y vuelvo a mis antiguas amistades y por medio de aquella mujer ligada al mundillo de la moda, me fui a trabajar en el cine, de ayudante de efectos especiales, y aunque no aparezco en los títulos de crédito, en esas letras que se ponen al final de las películas y que, por cierto, nadie o casi nadie se molesta en leer, participé en varias, en bastantes, y siempre de lo mismo, de agüero ¿qué es esto? Bueno, pues como sabes, entre otras cosas, en todas las películas llueve, y yo, en aquellas en que la lluvia natural no aparecía, la fabricaba, era el que ponía el agua, eso son efectos especiales, aunque no lo creas.

 

El mundo del cine, es un enigma y es difícil vivir de él, salvo que seas actor y de primera fila, o un especialista de algo, y yo la verdad, de actor o especialista, nada de nada, aunque pienso que sí me hubiesen hecho una prueba, quizá hoy sería una estrella rutilante, ¿por qué no? De todas maneras, aquello había terminado y fue cuando conocí a Nuria, era bastante lucidita, como prototipo de mujer, encajaba bien en mis esquemas, creo que era lo que necesitaba en aquellos momentos, era muy vivaracha, más lista que inteligente, callada, pero hablando en el momento oportuno, como te digo muy aguda. Empezamos a salir y formalizamos una relación, en tan solo unos meses y sin saber muy bien por qué, ella me gustaba como mujer, pero no hasta el punto de dar un paso tan importante y serio como una vida en común, en una palabra, no me llenaba de todo, tal vez, me dejé ir, porque me encontraba demasiado sólo.

 

Nuria, estaba bien situada en la vida, trabajaba en un banco, como Secretaria de Dirección, yo en aquel entonces pertenecía al INEM, en calidad de disponible, como casi siempre, es decir, en el paro, o sea qué no me quedaba otra que realizar las tareas domésticas, en tanto ella se encargaba de traer al hogar la parte crematística. Un buen día llegó a casa, con la buena noticia de que me había conseguido un puesto de trabajo en su empresa, en principio, no me hizo mucha gracia y por diversos motivos, además lo mío no era la oficina, no obstante y bien pensado ¿qué era lo mío? Traté de demostrarle mí alegría, aunque no la sintiera, por aquella buena nueva y el agradecimiento "eterno", por sus desvelos. Tal como ella había previsto, al día siguiente, me presenté en el banco. Todavía no sabía muy bien en que consistiría la labor y actividad. Me recibió el Jefe de Nuria, era el Director, éste muy solemne me soltó,

 

En atención a la Srta. Nuria, aquí presente, a la que tengo, tenemos quiero decir, en alta estima y consideración, y dados los informes que le avalan, hemos considerado ofrecerle un puesto de trabajo, esperando que Vd. cumpla con su parte, es decir, desempeñando satisfactoriamente el cometido para el que ha sido designado, no albergamos duda de ninguna clase que así será.

 

 Todo ello dicho de un tirón, con voz pastosa, engolada, prepotente y altisonante, como Director de Banco que era.

 

Nuria, la Srta. Nuria, me acompañó hasta la persona encargada de indicarme en que consistiría el trabajo, y que después de largarme una perorata, sobre la buena imagen de la  empresa a la que desde ese día pertenecía, llegué, por fin, a enterarme de lo que iba a realizar, dentro del engranaje de la gran patronal bancaria, y se trataba ni más ni menos, que de auxiliar de oficina, ordenanza-espía y de variados complementos, lo cual traducido al lenguaje cristiano, significaba qué era un empleado de banca, y el trabajo consistiría, entre otros, información al público, archivo de legajos, recados varios, y de propina, para no tener tiempo al aburrimiento, vigilar soterradamente a los diversos empleados en su labor diaria. De todo esto lo que mejor se me daba y me gustaba, era la atención a las  personas que entraban y salían del banco a ingresar, a pagar, etc. y en particular, a las señoras mayores, que más que entrar a realizar alguna gestión o a cobrar la pensión, lo que querían era conversar y a pesar de que en la mayoría de los casos no era la primera vez que iban por allí, al verme sentado detrás de la mesa, en una esquina del hall de la oficina, con la disculpa de informarse, venga palique, te hablaban de todo, menos de la gestión que allí les había llevado. En aquella época, la psicosis de los atracos, por grupos terroristas, estaba de moda y ya me ves a mí, escrutando a todo hijo de vecino que entraba en el banco, tratando de averiguar, a golpe de vista, donde llevaban la pistola escondida, no fuera ser que, en el tumulto, se encontrase algún atracador, esos, en síntesis, eran mis cometidos.

     De todas maneras, y volviendo a las palabras del Jefe de Nuria, no me convencían, me daban que pensar, aunque, no me preocupaban y me refiero en concreto a las frases de "en atención a la Srta. Nuria a la que tengo, tenemos en alta estima y consideración", me sonaron un tanto abrasivas, su entonación y las miradas de soslayo, acompañadas de unas leves babas, daban pie a dejar volar libremente la imaginación en pos de algo más que la consideración de un trato estrictamente profesional de jefe a subordinada. Un buen día, a la vuelta del trabajo y una vez en casa, preparé la cena en espera de que llegara la Srta. Nuria, saldría tarde y no sólo ese día, era una constante, tenía que atender al alimón con el Sr. Director temas confidenciales de los grandes entresijos de los negocios de la banca. En cuanto llegó, su abulia era total, no le apetecía comer nada, había trabajado mucho y estaba muy cansada. Me voy a la ducha, dijo. Antes de que entrara en el baño, le pedí que esperara un instante, quería comentarle ciertas confidencias, ella, por supuesto, ignoraba a lo que yo me refería, no obstante, su impaciencia, no exenta de sorpresa, era patente, en cualquier caso, yo pensaba, si no le gustaba lo que iba a oír, aprovechando la ocasión, que ahogara mis palabras en el agua de la ducha.

 

Para limar asperezas, que las había, comencé mí discurso, con algo tan simple como,

 

     Creo que es el momento de darte las gracias por conseguirme el empleo, todavía no te las había dado y sé que tenía que haberlo mucho hecho antes, pero también añadir, que me hubiese gustado que me preguntases sí me interesaba, entiendo que lo hiciste con la mejor de las intenciones, pero lo diste como un hecho consumado, bueno no importa, a lo hecho pecho, pero no es sólo de las gracias de lo que quería hablar, hay algo más, mí intención es puramente aclaratoria, así sabremos cada uno de nosotros a que atenernos y la parcela que ocupamos. Nuestra vida en común y no es de ahora, la veo como un mero tramite, una manera de cubrir el expediente, quiero decir con esto que no ignoro, o al menos intuyo, ciertas cosas, o sea, que te pediría que no menosprecies mí coeficiente intelectual, de antemano conocíamos los dos que nuestra convivencia mutua, es más que nada, por una situación conveniencia, aunque aparentemos otra cosa, con esto quiero que entiendas que no hay nada indisoluble y que tienes plena libertad para hacer de tu vida lo que te venga en gana, para eso es tuya, conmigo, repito, no tienes ningún compromiso, y no me parece mal que los tengas con otras personas. Pero no me engañes, ni te esfuerces en pretender convencerme de lo contrario, sabes que hay un mundo, entre los dos. Fue mí primera andanada.

 

Ella no se dio por aludida, pero llegó a decir bastante sorprendida, después de pensarlo un par de minutos,

 

No comprendo a que viene todo esto,  

 

     Quizá, en su mentalidad y forma de ver las cosas, le llevaran a preguntarse, por qué, precisamente a los pocos días de haberme conseguido un trabajo, salía yo con este tema, no obstante, creo que en su fuero interno, sabia perfectamente a lo que me refería, aunque de ser consecuente bien es cierto que incluso a mí, me parecía lógico que dijera no entender nada. Pero, evidentemente, yo no estaba por la labor, ya que había comenzado una batalla, quería terminar la guerra, y sí podía ser, aclarando de una vez por todas aquel tema. Ante mí insistencia en el asunto, a pesar de que en principio, fue una negativa a ultranza, poco a poco cedió, paulatinamente y según desgranábamos las palabras, fue reconociendo que no estaba equivocado en mis apreciaciones. Obviamente, no conducía a ningún sitio mantener esa postura negativa de "algo" evidente. Para abreviar, decir que la sospecha estaba fundada en que Nuria tenía un lío amoroso importante, estaba enganchada con el Director del banco, su jefe, ¿desde cuando? Que más da, la fecha es lo de menos. En definitiva, el tema quedó tal como yo deseaba, lo suficientemente claro para los dos. Justo es decir que, aunque suene raro, ninguno de nosotros se rasgó las vestiduras por este hecho, el diálogo mantenido, lo hablamos y discutimos, dentro del mayor respeto mutuo y civilizado, y Nuria, salvo el prólogo de la conversación, lo afrontó con entereza y sin tratar de justificar para nada, ni en ningún momento, su situación real. Continuamos viviendo juntos, pero en otro orden, como amigos que comparten la misma vivienda, los mismos enseres y los gastos, a partir de aquello, ella se veía más relajada y más dicharachera, incluso más comunicativa, en cualquier caso, nunca mencionamos al tercero en discordia.

 

     Yo seguía en el banco con mí cometido, sin gran actividad y sin demasiado interés por mí parte, no había alicientes que me hicieran digno de un puesto de trabajo en el engranaje bancario. Una mañana, por casualidad, de otra forma no podía ser, deambulaba por el interior de las oficinas, reparé en que el responsable de la caja central, guardaba algo en el bolsillo interior de la americana, me aproximé a él, sin animo de nada, sólo el de la simple curiosidad por el aburrimiento, estaba el hombre tan ensimismado en su labor, que ni siquiera cuenta se dio de la presencia de un extraño y mucho menos que alguien se hubiese colado en su despacho y le observara, en cuanto me vio, se quedó petrificado y sin saber que hacer, rápidamente, retiró la mano de su bolsillo y en ella, me pareció ver una bolsita de plástico, ¡que estupidez! Yo no tenía ni idea de que iba todo aquello, pero cuando una persona reacciona de ese modo, es que las cosas no están nada claras, cerré la puerta le miré a los ojos, y le dije más o menos éstas palabras,

 

 Escuche señor, yo no he visto nada, ni me importa, pero Vd. mejor que nadie, sabe que eso no se hace y menos en horas de oficina, no está bien, está muy cerca de la definición de drogadicto compulsivo,

 

 Interiormente lo primero que pensé, por mí atrevimiento fue, este me va a responder con algo bastante fuerte, ¡y que quede ahí la cosa! Por meterme donde no me llaman, o quizá me suelte una fresca que me deje helado.

Pues de lo pensado, ni una cosa ni otra, mi sorpresa fue mayúscula, cuando empezó a relatarme desde cuando había iniciado aquella "odisea" en el mundo de la drogadicción, primero pequeñas dosis esporádicas y en alguna fiesta, después, un algo más habitualmente y así durante sabe Dios cuanto tiempo, llegado a estas alturas, no lo podía dejar, era superior a su voluntad, hasta no hacía mucho, tan sólo se chutaba en la calle, no obstante, con el discurrir de los días el esnifar se convirtió en un necesidad de culto diario y además, en pleno trabajo, y se derrumbo totalmente, sentí lastima por él, su nerviosismo e impotencia, estaban bien a las claras e incluso, llegó a confesarme y a enseñarme una prueba más de su inconfesable defecto, más que eso, para mí otra enfermedad o el complemento de su vicio, que era la puntilla final, el súmun de la degradación, aunque yo no quería saber, no me importaba, no quería ser alcahuete de nadie. Pero claro, el dilema estaba ahí, ¿quien arrastró a quien? ¿Qué fue primero el huevo o la gallina? Del mismo bolsillo de su americana, extrajo unos folios de papel blanco en los que había una serie de anotaciones  y me los mostró. Sin sorpresa por mí parte, le pregunté a cuanto ascendía la cantidad, por respuesta ni palabra, se limitó a enseñarme otra vez aquellos papeles garabateados en los que llevaba todo apuntado por orden cronológico, de una meticulosidad rayando en la perfección, la que corresponde a un cajero de entidad bancaria, muy minucioso y conciso, al final de uno de ellos, en el mes de diciembre del año inmediatamente anterior al que nos encontrábamos, la cifra era escandalosa y realmente mareante ¿cómo se puede llegar a una cifra de esas sin que nadie se entere? Hay verdaderos genios por este mundo, y ¡qué mal aprovechados están! Sin embargo y para su desgracia, no tenía ni un duro, así me lo confesó, todo aquel capital, lo había invertido en estupefacientes, en polvo blanco, el motivo, a lo largo de un tiempo como recurso natural de su mal, para mantener aquella miserable y desgraciada necesidad, había sido claro. Consecuencia para mí, otra vez en la calle y al paro, ¿por qué?

 

Pensaba que de ser honrado, y de querer seguir con aquel trabajo, mí obligación sería la consecuencia de enviar el oportuno SOS a mis superiores por el descubrimiento, pero no me seducía nada de nada, me daba pena aquel hombre, no lo justifico y mucho menos lo comparto, sé de antemano que el abuso de confianza es reprobable e incluso indigno de una persona, con el añadido de su inmensa desgracia por haber caído en la red de la drogadicción, pero pensándolo bien, ¿a quien se lo robó? Queda claro por mí parte, que no me alegro ni justifico una acción como ésta, pero...  

 

El caso es que, ante la disyuntiva que se me planteaba, decidí pedir la cuenta y marcharme, no era por eludir las responsabilidades, no, dado que lo mío ya se sabía que no las tenía y que, además, era una tapadera, podía circular libremente por todas las instalaciones del banco, pero era de dominio público que no contaba para nadie y que estaba de prestado, aparte de ser identificado entre bastidores, como el novio protegido y cornudo de la  Srta. Nuria, así que, tomé esa decisión y al día siguiente a media mañana, me acerqué hasta la entidad a comunicar la buena nueva, me despedí de algún personaje que otro y Santas Pascuas, aunque ciertamente no era Navidad.

 

     Al llegar de vuelta a casa, me dirigí directamente a la habitación, con intención de preparar la maleta con mis pertenencias, había decidido dejar aquel domicilio y la compañía de Nuria, ella hacía tiempo que me había dejado a mí y aunque todavía permanecíamos juntos, ya llevábamos meses navegando con rumbos diferentes, me puse a revisar mis enseres de carácter personal, y en esto, mis dedos tropezaron con algo que no me sonaba a propio, entre los objetos que había recogido en la oficina me encontré con un sobre cuyo contenido era una nota manuscrita, "gracias por tú silencio, jamás olvidaré tal comportamiento, ni sabré como pagártelo".

 

De todas maneras, durante un tiempo, conservé en mí poder una cinta de casete, que grabé con una aparatito de esos tan sofisticados, grabadora-reproductora, que formaba parte del uniforme y que no separó de mí piel desde el mismo instante en que empecé a trabajar en el banco y que utilicé para registrar ciertas conversaciones, sé que está mal, pero lo hice, la del Sr. Director, en la fecha del ingreso en el banco, la de la ruptura con Nuria, es decir, la del día en que esclarecimos los hechos y que pusimos en claro lo del enganche de ella. Esta cinta la aproveché también, para grabar el dialogo cordial que mantuve con el cajero, y aunque nuestro encuentro fuera fortuito, en mí interior, surgieron una serie de dudas que me llenaron de desconfianza y de inmediato se me dio por pensar, que de alguna manera me debía de proteger, acrecentándose en la desconfianza de que el ingreso y mí actividad en el banco, había sido un tanto extraña y la gran duda radicaba, sí en todo aquel tiempo me habían utilizado de tapadera de algo, por no decir, probablemente, cabeza de turco, ya que incluso no descartaba una connotación entre el cajero y el honrado Director, ésta sensación clara y acrecentada en el tiempo, venía determinaba porque en ciertos días de la semana, mí compañera llegaba a casa bastante tocada del alerón y no era precisamente de bebidas alcohólicas, en cualquier caso, exceptuando las sospechas en el tema de la droga, Nuria conocía mí afición por la maquinita grabadora y el contenido de ciertas grabaciones, desde el momento en que pusimos en claro su enganchamiento con el Director, en cuanto al cajero, evidentemente, no tenía ni pajolera idea que yo anduviera con un aparatito en el bolsillo, y sinceramente no sé si actué con honradez, no obstante ni me lo planteo, ni me quita el sueño, en primer lugar porque nadie, a excepción de ti, conoce éste "affaire" y en segundo, que la conciencia no me dice nada, ni a favor, ni en contra.

 

Después de todo aquello, me tomé un respiro durante una buena temporada, creo que me lo merecía, me dediqué a vagar de un sitio para otro, ya que, de alguna forma, maldecía el dinero, no tenía problemas económicos, no nadaba en la abundancia, pero tampoco pasaba apuros, recorrí gran parte del país, en verano hacia el norte, nunca hacía aquí, y en invierno dirección Sur, algunos de mis conocidos me llamaban el Punto Cardinal y otros, las dos estaciones, en fin simpáticos que eran los chicos. Cuándo se me fue acabando el dinero...  ¿qué decía? ¡Ah, sí! Se me terminaban los ahorros, por tanto, no me quedó más remedio que procurarme otra vez un medio para subsistir, y ahí me tienes de un lado para otro buscando trabajo, claro que en la localidad en donde residía por aquel entonces, no debía de tener dificultad alguna para encontrarlo, siempre y cuando no fuera muy exigente. En una ciudad del Sur, de la costa, y por ejemplo la actividad, en el ramo de la hostelería, no era complicado encontrar algo, proliferaban los chiringuitos con sus terrazas y siendo temporada alta, siempre hay oportunidades, cierto que la competencia era mayor, pero sí eres espabilao y no haces muchos ascos, seguro que trabajas todos los días. Un buen día, sin mejor cosa que hacer, me encontraba como cliente, tomando un aperitivo en uno de estos chiringuitos, escuché el comentario de unos camareros, sobre la necesidad de contratar a más gente para servir las mesas, en sus previsiones alguien se había quedado corto, los turistas afluían como moscas, sobre todo en las noches. Allá me fui a ofrecer mis servicios, y me apunté a la nocturnidad, además, concurría que te pagaban un algo más, ya ves, de camarero, y me seguía llamando Pedro, creo que había perdido la manía de cambiarme el nombre. 

 

En ese trabajo seguí durante bastante tiempo, habíamos alquilado un apartamento, bueno, digo habíamos, porque no te conté que, en aquel entonces, compartía mí vida con una chica, se llamaba Ana, era una de las conocidas del "affaire" de Toledo, de cuando me hice pasar por novillero. Coincidimos una noche en Marbella, en una discoteca, se encontraba de vacaciones, hablamos de las casualidades de la vida y me confió que le gustaría quedarse una temporada en la Costa del Sol, y se quedó conmigo, sus amigas compañeras de viaje se marcharon, a ella, de momento, no le apetecía volver a su casa y el destino nos volvió a reunir en el mismo camino, estaba sola, aunque no parecía necesitar a nadie, se desenvolvía de maravilla en cualquier ambiente, yo tenía algún amigo que otro, bueno, simplemente conocidos con los que compartía piso, el caso es, que de alguna manera, nos apoyamos uno en el otro, nos veíamos cada día, llegando a la conclusión de que sí habitualmente estábamos juntos ¿por qué no de todo el cuerpo y además, entre cuatro paredes? Total, que alquilamos un apartamento y durante el día nuestra vida en común, en la noche, yo al chiringuito. Al cabo de dos años aproximadamente, decidimos legalizar nuestra situación, lo hablamos y consideramos que en la vida no hacen falta papeles para realizar o vivir una serie de actos o como se les quiera llamar, tan sólo, lo que la conciencia le dicte a uno, a pesar de ese razonamiento, en el que la coincidencia de ideas eran reciprocas, de común acuerdo nos fuimos directos al matrimonio, eso sí, por lo civil, estaba de moda y quizá esta fórmula sea menos complicada y es tan legal como cualquier otra, no me voy a enrollar hablando de los pros y los contras de cada una. Pero no dio el resultado que cada uno de nosotros esperaba, reconozco que era una crónica de un desenlace anunciado, no sé las causas, me imagino que poco teníamos que hacer o decir, quizá influyera en ello el período de rodaje de convivencia anterior al matrimonio, en cualquier caso, a los tres meses cada cual por su lado. Fue tan fugaz como una estrella errante, duró lo que tenía que durar, como amigos nos encontramos y como amigos nos despedimos. Llegamos al acuerdo del divorcio sin problemas, ni traumas personales, como gente civilizada que éramos y a otra cosa. Te pediría que no extrajeses conclusiones erróneas sobre la forma de pensar y dado la manera en que me expreso, puede parecer que mí concepto sobre esto, es como aquel que se desprende de una corbata o de un zapato o de una maleta, sinceramente, mí forma de ser y de ver las situaciones, no es esa, yo tengo un corazoncito y soy consciente de que la convivencia entre las personas, sea por amistad, por trato directo o indirecto aunque sea superficial, siempre deja un algo dentro de uno, y mucho más, aquellas a las que te unen o unieron ciertos lazos íntimos, el recuerdo de un simple detalle anecdótico, de algún pasaje trivial, o el modo de saludar, es suficiente para que de alguna manera, te marque, aunque no te traumatice, aparentemente tal como lo relato, parece como sí yo fuera incapaz de tener sentimientos hacia los demás, y no es cierto, soy muy sentimental, lo que sucede, es que todo suele ser un cúmulo de situaciones, en principio aceptadas por mí, y tal como llegan, se van, pero eso no quiere decir que en el interior, no exista un corazón como el de cualquier ser humano y dentro de él, un lugar para esas personas, aunque para ciertos seres que formaron parte de mí vida en un momento determinado y que estuvieron ligadas a mí, bien por trato, amor o cariño, tal vez no ocupan un lugar preferente en él, pero no es menos cierto que tienen reservado un espacio más o menos importante, pero lo ocupan, en cualquier caso, como seres humanos, indudablemente la amistad prevalece, así lo veo y así lo siento, quizá esté equivocado o quizá no, pero mis sentimientos hacia ellos son tal cual.

 

Poco después de ese episodio, volví a Madrid y no te digo más de este paso, porque encierra una parte negra de mí vida y no me gusta, ni de pasada, mencionarla, años más tarde regresé al lugar donde vivo en la actualidad y sigo sólo, es decir divorciado, haciendo de todo un poco, me volví algo místico y siempre de cara al problema, nunca de espalda, y creo que seguiré fiel a mis principios hasta el final de mis días.

 

     Creo que poco más me queda que añadir, no sé si mi trayectoria en la vida, hasta hoy, fue buena o mala, en cualquier caso, fue la forma de vida elegida por mí durante todos estos años.

 

     La verdad es que lo tuyo hijo, parece un culebrón y sospecho, que todavía dejas bastante dentro del tintero, me parece muy bien que no profundices en tus recuerdos, que no me cuentes las interioridades con pelos y señales, hay cosas que no se deben de mencionar, intimidades ni "situaciones límites", en el terreno que sea, pero contéstame, sí quieres, a dos preguntas ¿qué haces en la actualidad, a qué te dedicas? Es simple curiosidad,

 

No me importa contestarte a esa pregunta, ¿qué hago actualmente? Pues verás, como te diría yo, hago un poco de todo, podría decir que soy una especie de investigador privado, como ya había estado de "espía" pues es más o menos eso, de algo hay que vivir, es una profesión a la que se dedica poca gente, pero tiene bastante salida, ten en cuenta que hay mucho tomate en nuestra forma de vivir, la gente se mete a una forma de vida en que lo normal del desenlace sea la bancarrota, el instinto irrefrenable a consumir, el demostrar a los demás el poder adquirido, los signos externos, la magnificencia de la posición social, en fin, que meter se meten, pero en una gran mayoría de casos, no dan salido, es como una bola de nieve y viene lo que viene, y en esto, empieza nuestra labor, investigar quien es, que hace, como vive y que posibles tiene, primero se comienza por un crédito personal, después dinero plástico, piso, coche, casa en el campo, cenas, fiestas, etc. etc. y esto hay que pagarlo ¿pero cómo?, Los sueldos en general y los negocios parecido, no dan para tanto, sí acaso para vivir decentemente y poco más, y sí sales de este círculo y te metes en otro, en la loca carrera hacía el desenfreno, obviamente, se termina mal y con todo, y ahí es donde volvemos nosotros, vuelta a investigar sobre el individuo, si tiene o no garantías, que vida hace, si trabaja, etc. resumiendo, primero investigamos para saber sí se le puede conceder un crédito y luego, para tratar de que cumpla con la obligación adquirida, es decir que pague. Existe una gran mayoría de estos individuos que terminan en el Juzgado, por una causa de embargo. Al final acaban sin nada, con la estabilidad familiar y ante el Tribunal correspondiente, pero esta vez, ¿el motivo? Separación y divorcio. Este desaguisado familiar, precisamente, es otro de los campos a los que estamos abonados, las separaciones y divorcios, informes sobre los futuros separados o divorciados, es decir un asco de profesión ¿y los de problemas familiares? También, y de toda índole, sobre todo sí tienes la desgracia de que te caiga un caso de esos, de lo que sé dio por llamar, no sin razón, la lacra del siglo, y que son las drogas, y no me refiero a los traficantes, de estos, supongo, se encarga la policía, me refiero a esos pobres diablos, los enganchados a la drogadicción, en ocasiones, bastantes, se presenta algún padre a pedirte que te encargues de averiguar la vida que hacen sus hijos, a donde van y con quien, no entienden, no quieren claudicar ante las evidencias, y en vez afrontar el problema, lo retrasan, encargándote a ti de todo ello, e incluso razonan, que eso no les puede pasar a ellos, que no puede ser verdad, que las compañías sí, pero su hijo no, que estudió en los mejores colegios de la capital, que la educación ahí es distinta y te lo dicen como si eso fuera una garantía de que en esos círculos y ambientes, las drogas simplemente se conocen, hablas de ellas, pero no se tocan, ¡que error tan grande Dios! Mejor diría que ceguera tan absurda, lo malo y triste de todo esto es, que cuando llegan a ti suele ser demasiado tarde, desgraciadamente, en la mayoría de los casos, están enganchados hasta la médula.

 

Si aceptas un caso de estos, podrás comprobar la miseria de la condición humana en su parte más cruda, de todas maneras, dentro de unos días, en cuanto termine unos informes sobre un caso de divorcio, tengo pensado dejarlo todo, estoy cansado y hastiado, ya veré lo que hago y cómo me las compongo, probablemente iré al paro, durante unos meses, ya veremos.

 

Por otro lado, mí nivel económico, no es que sea boyante, pero por una vez en la vida, tampoco lo puedo catalogar de malo. Y bueno, hasta aquí las sagradas escrituras, todo eso es lo que hice en todos estos años, y lo que hago en la actualidad, ¿lo que haré? La verdad, no lo sé muy bien, tengo 44 años, es una buena edad para tomar un descanso ¿no crees? Lo probable es que me tome unas vacaciones, sin prisas, meditaré con mucha calma a lo que me voy a dedicar en adelante, en este instante no tengo ni la más remota idea, siempre tuve ganas de hacer un viaje, por mar, no importa el rumbo, a cualquier sitio, pero en un velero, en un yate, con poca gente, y creo que ahora es el momento, sí, quizá lo haga, buscaré alguien que esté dispuesto a ello, y me enrolaré, supongo que tendré que prepararme para esto, nunca trabajé de marinero, pero no será problema, al menos así lo espero.

 

Pedro, no es que me importe, bueno de ser sincera, un poco sí ¿pero no crees que es el momento de sentar la cabeza? Estoy de acuerdo en que, con la edad que tienes, no eres mayor, pero tampoco tan joven, tómate el descanso que dices y piensa bien lo que vas a hacer después, pero ¿no sería mejor que te olvidaras del viaje y buscaras algo sólido y con futuro?

 

     ¿Futuro? ¿Que es el futuro, tú crees que yo tengo futuro? Desde el primer momento que tomé la decisión de marchar y buscar otros horizontes, sabía positivamente que mí vida iba a resultar más o menos como fue.

 

Bien, si tú lo dices y lo crees, no me queda más remedio que respetar tu postura, pero déjame decirte algo, el futuro existe, lo que hay que hacer es mirar hacía adelante, buscar algo, algo con lo que te encuentres a gusto. Ahora mismo te veo desencantado y desanimado, pero eso puede cambiar, ¿cómo? La verdad es que no lo sé, pero mira a tú alrededor, hay personas, son seres humanos, unos serán felices y otros no tanto, pero a su manera y medida, lo son, y no por eso dejan de luchar, ¿por qué? Pues porque tiene esa voluntad de vivir, buscando alicientes día a día, se miran en el espejo de la vida y se dicen, ¡hay cosas peores en este mundo! Y esto les da fuerzas para seguir adelante, luchando por lo que ellos creen y en lo que creen y que vale la pena, y saben que en algún lugar existe un espacio reservado para la felicidad, para esa felicidad, que en un momento determinado de sus vidas, lograrán alcanzar.

 

Terminamos nuestra charla salimos del café-bar y nos dirigimos a la tienda y por fin, Dalia cedió a mí petición de quedarme con el Niño Jesús, al verlo nuevamente, me di cuenta de que en mí primera impresión, no me había equivocado, ahora estaba totalmente seguro y convencido que cuando lo vi en el escaparate, la fijación no fue ningún capricho ni obcecación, simplemente él me miró con la intención clara de mandarme un mensaje, como diciéndome, ¡alto, entra aquí!

 

Cómo reflexión, decir que en el mundo todavía queda alguien dispuesto a guiar y escuchar tus recuerdos cargados de amargura, además, de brindarte la oportunidad de volver a reencontrarte con la mujer de tus ¿sueños? Desde aquel momento, y en adelante, él me acompañará. Dalia tuvo la delicadeza de entregármelo como recuerdo de nuestro encuentro, un regalo, regalo que no sabía, ni la manera ni el modo de agradecérselo.

 

Prométeme que te comunicarás conmigo para decirme lo que vayas a hacer de ahora en adelante, cualquiera que sea la decisión que tomes ¿lo harás?

 

Sí, te lo prometo, cualquier decisión que tome, tú serás la primera en conocerla.

 

     Y sin más, nos deseamos suerte en nuestros respectivos destinos, una fuerza en forma de imán, no nos dejaba separarnos, nos miramos a los ojos, y con un impulso mutuo, sellamos aquel ADIOS con un fuerte abrazo, al mismo tiempo Dalia me susurraba al oído, ¡espero verte pronto! Este abrazo de despedida, fuerte, cálido y entrañable, me transportó a la época de antaño, al recuerdo de aquel que habíamos probado, hacía tan sólo unos 30 años.

 

Nunca más volví a ver a Dalia, no tuve la decencia de ponerme en contacto con ella, a pesar de mí clara promesa en hacerlo en el momento de despedirnos, después de aquel breve encuentro. A pesar de la edad, seguía más o menos como siempre, inconstante, antisocial, irreverente, sinvergüenza, delincuente, que sé yo, sin ningún respeto hacia los demás, y como antaño, por lo que respecta a ella en particular, promesas incumplidas, como cuando éramos "novios" el más terrible desprecio por la amistad, será el signo y la cruz de mí vida, aunque ciertamente, nada hice para cambiar, y así, sin nadie que me venga a ver y sé preocupe por mí, aquí me encuentro hoy.

 

¡Jobá Pedro! Es alucinante, por algo tenías tanto interés en que yo, tú memoria, se empapara en todo lo concerniente a tu vida, incidiendo constantemente en que procurara memorizar los capítulos de tú existencia, claro, y en ésta inmensa soledad que te rodea, sólo yo seré la protagonista, cosa lógica por otra parte, soy tú memoria, la tabla de salvación dentro del aislamiento y la soledad que te has buscado en todos estos años y que tendrá su continuación en esta más que decente Residencia Geriátrico Institucional en la que te encuentras, utilizándome como recurso natural de tus vivencias, en el mismo instante en que quieras repasar las hojas de tus recuerdos.    

 

THE END

Autor: José Luis Patiño


servido por pacoco 3 comentarios compártelo

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Jose Luis Patiño

Jose Luis Patiño dijo

¡Hola amigos! Supongo que sabeís que el sr. Pacoco introdujo en el blog una historia escrita por mi en forma de novela. que se llama "Una Historia sin nombre" (ya hace algunos meses) si quizá, un poco larga, y la verdad es que me gustaría saber la opinión de alguno/a que la haya leído o al menos que posase sus ojos por algunas de las páginas, en fin, aunque sospecho que no tuvo mucha aceptación. En cualquier caso si alguien quiere perder un poco de su precioso tiempo, ahora que vamos para el invierno, y se pone a leerla, le ruego que lo comente sea para bien o para mal. Un saludo a todos y muchas gracias.

12 Octubre 2010 | 07:58 PM

pacoco

pacoco dijo

Hola Jose Luis
como ya mencione varias veces , hay muchísima gente que lee pero que no escribe. Así que estoy seguro que "Una Historia sin nombre" ha sido leída por muchas personas.

Echo de menos tus escritos y los de Pepe

Un abrazo

14 Octubre 2010 | 11:42 AM

José Luís Patiño

José Luís Patiño dijo

¡Hola Pacoco! gracias por la esperanza, pero no se si será tal como dices, cierto que tu conoces mejor que yo a la gente de por aquí, en cualquier caso creo de verdad que comprendes perfectamente mi inquietud. ¡Y claro que tengo más que públicar! otra cosa es que tenga guste. Próximamente te enviaré una historia (con título) entre novela y ensayo, lo estoy terminando me quedan un par de folios, calculo yo que serán mas o menos eso, un par de folios. Un abrazo y gracias por decirme que echas de menos mis escritos.

15 Octubre 2010 | 01:46 PM

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