Labañou: Una historia sin nombre (Parte III)
UNA HISTORIA SIN NOMBRE
Parte III
Es normal que no me encuentres a primera vista, ten en cuenta que yo me muevo de un lado para otro, por todo Madrid, hay que buscarse la vida como se pueda, hoy aquí mañana allí, pero ahora que sé que vas a venir todos los días, quedamos y charlaremos, nos beberemos una botellita de vino en el transcurso de las veladas y a vivir que son dos días.
Y charlábamos, sobre todo yo, el hombre me dejaba hacer y sin un reproche, era mí particular muro de las lamentaciones. Cada día que pasaba me volvía más comunicativo, llegando incluso, a relatarle algún capítulo de la relación con Rebeca, necesitaba desesperadamente desprenderme de ese lastre.
Sí, conozco perfectamente esos sitios de los que me hablas, me he pasado muchísimos días por aquellos andurriales, sobre todo en esos soportales, los de los Nuevos Ministerios, con sus aparatosas columnas de piedra y el techo que soportan, un lugar ideal para refugiarse, pero claro, por aquel entonces, los guarda jurados vestidos con un uniforme ridículo, no sé de que época y tan llamativos, eran individuos poco permisivos y nada comprensivos, a veces, alguna bronca hemos tenido, aunque ciertamente, llevábamos las de perder, por algo iban armados, en fin, otro lugar de las inmediaciones y que frecuentábamos con cierta asiduidad, hasta que nos echaron, era el complejo comercial subterráneo, se estaba bien allí dentro y entretenidos, sobre todo en invierno, no le hacíamos daño a nadie, pero al parecer nuestra fachada distorsionaba la imagen comercial de los negocios allí instalados, ¡qué jeta tiene la gente! Las personas más honradas que pululaban por aquel entorno a ciertas horas, éramos precisamente nosotros, no quieras ver la cantidad de negocios turbios que se producían, ¡imagen, joder con la imagen! Hablar de enturbiar la imagen, cuando los más "honrados y respetables" comerciantes, no digo todos, aunque sí un gran número, se dedicaban a toda clase de trapicheos y no los voy a enumerar, pero puedes incluir de todo. Una noche en la que fuimos testigos Bonifacio y yo...
¿Bonifacio, quien es ese Bonifacio?
Era un colega, si quieres saber algo de él, lo hablaremos más tarde, antes déjame terminar lo que te estaba contando ¿quieres?
Sí, perdona.
Como te decía, Bonifacio y yo, dejábamos caer nuestros cuerpos por allí, y esa noche, como de costumbre, nos sentamos en el suelo, contra la pared de un rincón de un pasillo, en el que a lo largo y ancho proliferaban los negocios de hostelería y algún que otro bazar de artilugios varios, cuando de repente unos cuantos individuos hicieron acto de presencia, dos bandos enzarzados en una discusión que, con el paso de los minutos, fue subiendo de tono y en la que, en un momento determinado, salieron a relucir los filos de las navajas, aunque no pasó a mayores, los ánimos de súbito se calmaron. Bueno, no era para menos, uno de los componentes de un bando, amenazaba a los otros con una pistola. Y se acabó el tema, entraron en razón, unos y otros se estrecharon las manos, unos entregaron un paquete y los otros unos fajos de billetes. Como bien puedes suponer, se trataba de droga y ante nuestras narices. No habían reparado en nuestra presencia, no obstante, cuando parecía que se retiraban en amor y compañía, uno de ellos volvió la vista atrás y fuimos localizados. No querían testigos y nos amenazaron "invitándonos" a abandonar el lugar sin otras consecuencias, naturalmente, sí lo hacíamos de forma voluntariamente y la consigna clara de que en boca cerrada no entran moscas y no volver por el centro en el transcurso de nuestras vidas. Bonifacio mostró su desacuerdo, diciendo que él estaría allí y volvería cuando y como le viniera en gana. Pero lo cierto es que no volvimos, al menos yo y él tampoco, creo, no sé.
Bueno y ahora dime, que querías saber de Bonifacio, ¿acaso le conocías?
Pues, no sé, conocí a un personaje que así se llamaba, pero la verdad, ahora que lo pienso de nuevo, me entran ciertas dudas, entiendo que sería mucha casualidad que habláramos del mismo tío.
En el mundo de la mendicidad y de la indigencia, se dan casos que en el sobremundo los consideran como algo de ficción o irracional, pero yo, como componente de este submundo, digo y afirmo que no hay tanta casualidad, lo que hay es un gran contingente de seres humanos que se mueven de un lado para otro, y no te hablo solamente dentro de nuestro país, sino de toda Europa e incluso en casos muy puntuales, de otras ciudades del mundo. Por otro lado, reconozco que el nombre de Bonifacio no es que se dé con harta frecuencia, no es muy corriente, pero he conocido a más de uno, quiero decir con esto, que en eso de los nombres, puede existir el factor casualidad, en cualquier caso no estaría de más que me hablaras de ese amigo tuyo, al menos con ello, le daremos continuidad a la charla.
Sin mencionar el país donde nos habíamos conocido, le fui relatando mis vivencias con el amigo indigente Bonifacio, sin saber la razón, omití lo de Francia, sin embargo, el resto se lo endilgué totalmente, con lo cual creo que volvía a las andadas, la falta de franqueza quedaba patente una vez más, pero por alguna razón escondida no quería volverme atrás.
Es indudable que en ciertas cosas que dices, pudieran tener similitud y costumbres con mí Bonifacio, claro que no son pruebas suficientes para afirmar que hablamos de la misma persona, sobre todo porque todos nosotros mantenemos pautas de conducta parecidas, no obstante, hay algo que me llama la atención, ya ves y coincide con una de las manías de nuestro amigo, su afición por los objetos que tengan un plus para reciclar, lámparas, juguetes, en fin todo eso que a nadie le sirve, pero qué a él le privaban. Hablo de un Bonifacio, apodado "El Francés"
¡Amigo has dado en el clavo! Eso es, Bonifacio "El Francés" ¿cómo no sé me había ocurrido antes?
¡Quieto parao! No te desboques, quizá un apodo no sea suficiente para identificar y afirmar que estamos hablando de la misma personalidad, un apodo más o menos, no significa nada.
Pero vamos a ver, tratemos de aclarar las cosas ¿tú eras muy amigo de él?
Y lo soy, de eso presumo, de ser amigo de él y orgulloso que estoy de serlo.
Entonces te habrá hablado de muchas más cosas, por ejemplo de su estancia en otros países.
Claro, para empezar su periplo de emigrante con su familia en Francia, luego a Suecia, con el posterior paso a Canadá y vuelta a Francia.
Para, no digas más, tiene que ser la misma persona, que alegría, venga dame un abrazo, por fin, uno de mis sueños se ve realizado, encontrar a Bonifacio.
Cierto que todavía no lo había encontrado, pero estaba en el buen camino. El mendigo amigo, que después de tanta charla por medio y en un alarde de confianza, me confesó que le podía llamar Manuel, ante mí insistencia, empezó por relatarme capítulos de su vida en compañía de Bonifacio, este, al parecer, había seguido la misma pauta de conducta, tan sólo se relacionaba y hablaba de vez en cuando con el tal Manuel y para eso, después de someterlo a prueba durante una larga temporada. En resumen, que según los indicios, todo indicaba que tanto él como yo, habíamos coincidido por una buena temporada en Madrid, y un servidor, a pesar de frecuentar con asiduidad durante bastantes meses el mundo de la indigencia, no tuvo la suerte de tropezarse con su persona. Una ola de pesar me invadió.
El amigo, el mendigo Manuel, retomó la palabra para seguir disertando sobre todo aquello que me interesaba.
Pues sí Pedro, Bonifacio y yo, estuvimos juntos como tres o cuatro años, pero se cansó de los bajos fondos de la ciudad, su ansía personal estaba puesta en un asentamiento en las afueras de Madrid, un lugar llamado y conocido como "El Pozo del tío Calambres" el nombre viene dado en honor a un indigente que fue el pionero y fundador de tal poblado, se llamaba Telesfóro Nonato, alías el "Tío Calambres". Éste buen hombre, cansado y abrumado por una enfermedad, un buen día desapareció de la circulación, emigrando a tal localidad en la que no residía nadie, motivo más que suficiente para él, ya que lo que en realidad buscaba, era un trozo de tranquilidad, y lo encontró en una vaguada de forma circular, que protegida a los lados por una especie de promontorios de cierta altitud, la resguardaban del viento, contando además, con un factor añadido importante, el acceso de entrada-salida debía de hacerse por el mismo sitio, o sea que, mejor imposible.
Perdona que me extienda, pero es esencial, al menos para mí, resaltar el nombre del asentamiento, que viene dado por el nombre de tal fulano, en principio se llamó como su descubridor, es decir, "Poblado Residencial Telesfóro Nonato-El Pozo del Tío Calambres" es evidente que el nombre se las traía, por lo extenso, pero e aquí, que entre todos nosotros, empezamos a acortarlo, sobre la base de sus condiciones personales, dado que el tal Telesfóro padecía de ataques epilépticos y cuando uno de estos le daba, se retorcía de tal manera, que parecía que había metido los dedos en un enchufe eléctrico, o sea como un calambrazo. Esta es la simple explicación de lo que hoy se conoce abreviadamente, como "El Pozo del Tío Calambres". El pobre se murió hace unos años y allí está enterrado y el nombre, sin desvirtuar nada, hace honor a su fundador. Todos en nuestro mundo lo recuerdan y están de acuerdo.
Pues e ahí que en ese Pozo está metido Bonifacio "El Francés", supongo, bueno no, sinceramente, estoy en condiciones de aseverar con total rotundidad que allí tiene su morada, deseaba ardientemente conseguir un asentamiento fijo, que le permitiera desarrollar a su aíre las portentosas cualidades de inventor arréglalotodo, en cualquier caso sí estás dispuesto a hacerle una visita, yo no tendría inconveniente alguno en acompañarte, aunque sí te decides por hacerlo sólo, no te será nada difícil encontrar el lugar, todos los días o casi, sale publicado en los periódicos alguna noticia sobre la necesidad de erradicar el chabolismo la pobreza y la marginación y más que nada, la delincuencia, de lugares como éste, pero en concreto del "Pozo del Tío Calambres". Mentiras y una sobre otra, allí habita gente como tú y como yo, indigentes sí, pero no delincuentes. Te puedes imaginar que semejantes afirmaciones, son producto de las maniobras propagandísticas de las inmobiliarias, Madrid crece y camino a todos lados, y aquel es un terreno muy apetecible y lo quieren barato, por tanto, toca desacreditación y cada cual juega su papel, unos por intereses oscuros y no confesables, pero que todo el mundo conoce, puedes imaginar que lo que acabo de decir lleva el referente claro de la palabra especulación, otros por su papel político y el resto por desinformación. En realidad, los políticos, sí tuviesen la voluntad política de hacer algo y corregir cosas de las que carecen, les dotarían de medios más básicos y permanentes. Las infraestructuras no llegan, las ayudas ofrecidas, tan sólo en época de elecciones, tampoco, pero lo que sí llegarán y con toda seguridad, serán las piquetas y las maquinas excavadoras.
Después de oír toda aquella información, tomé la firme decisión de salir en busca de Bonifacio, el deseo de encontrarme a solas con él me seducía, quería saber que había sido de su vida en todos aquellos años, pronto se cumplirían 10 desde que nos separamos, razón más que suficiente para renunciar al ofrecimiento de acompañamiento del amigo e indigente Manuel. En cualquier caso, tal como me había asegurado éste, las sombras y las dudas de la realidad del poblado estaban sembradas. Y como ejemplo, la del taxista que me llevó hasta allí, bueno que me acercó a las inmediaciones, me dejó a escasos dos kilómetros, me dijo en plan justificación que por nada del mundo entraría con su vehículo en ese asentamiento, corren malos vientos ahí dentro y las aguas bajan muy turbias en ese Pozo, no especificó más.
Nada de particular en el "Pozo del Tío Calambres", tranquilidad como en cualquier otro Pozo y aguas limpias de lodos. Las viviendas por llamarlas de alguna manera, construidas a mano con cartón piedra, planchas de latón y alguna que otra, las menos, de madera. Otras varias, sin embargo, gozaban de una estructura de bloques de hormigón, con lo cual daba la sensación de firmeza, en cuanto a una forma de vida constante y permanente, vamos que era improbable que la gente que en ellas habitaban se moviera de allí. En una de éstas últimas, estaba emplazado una especie de bar, al menos era lo que se podía leer en un rotulo colocado en la pared frontal exterior, "CANTINA-CERBEZERIA" así, como está escrito, tal cual, reunía además una condición ineludible, el numero uno de la localidad, no había otro y por supuesto a él me dirigí cargado de escepticismo. Contra todo pronostico, fui bien acogido, con humildad, sencillez y una más que aplaudida simpatía por parte del hombre que se encontraba detrás de la barra. Al parecer no era muy frecuente ver forasteros por el lugar, salvando la pareja de la Guardia Civil que de vez en cuando se caía por el pozo, la llegada de un nuevo personaje les hacía ilusión, y como era de esperar, aparte de los buenos días, la pregunta de rigor,
¿Vd. es un representante de los "pormotores" de las viviendas, no es cierto?
No, no, no me confunda Vd. por Dios, yo soy una persona normal, estoy de paso.
A todo esto, en tanto cambiábamos estas frases, apareció detrás de la barra una mujer de unos 50 años que también quería participar en la conversación.
Pero Ezequie, no hace falta que te esmeres, se le nota que nada tie que ver con esos jichos, ¡no ves que carita de buena persona tie!.
Bueno, ¿y qué vamos a beber? Preguntó el hombre, haciendo caso omiso de la cita de su compañera y sobre todo, a lo de carita de buena persona.
Cerveza.
Pues que sean dos.
Entre cerveza y cerveza fui desgranando los verdaderos motivos de la visita al poblado, la búsqueda y posible encuentro con Bonifacio, aunque sin dar un nombre concreto, ellos, el hombre y la mujer, me dejaban hablar, no me interrumpieron ni una sola vez, salvo para meter alguna apostilla entre mis palabras, que fueron catalogadas por mí como poco relevantes. En algún momento de la conversación detecté miradas de complicidad entre ellos, que entendí como interrogantes y extrañeza, ante el rollo que les estaba endilgando, porque me había dado cuenta que hablaba mucho pero no decía nada.
Verá Vd., un consejo, Vd. viene buscando algo, no es cierto, pero vera Vd. sí no sé aclara, no es cierto, jamás llegaremos a entendernos, no es cierto. Verá Vd. yo lo veo así, sí por un casual a mí me sucediera lo que a Vd., porque Vd. padece, no es cierto, después de la primera cerveza iría al grano, no es cierto, verá Vd. de primeras y directo como un tiro ¡Pum!
Después de aquella retahíla de no es cierto y verá Vd., me decidí por la tesis del cantinero, tal como había dicho él, directo al problema como un tiro.
Tiene Vd. razón, aunque no me sucede nada, ni padezco mal alguno, simplemente necesito una información, pero no quería llegar aquí y llenar, me refiero a que mí preferencia está en hablar con las personas, en este caso Uds. y luego, en el transcurso de la conversación, plantearles el motivo que me trae aquí.
Ya, actitud que un servidor le agradece, pero verá Vd., es que lleva media hora, no es cierto, de palique continuo, no es cierto, y todavía no ha dicho nada, no es cierto.
Cierto. Iré al grano. Pero antes darles las gracias por su atención, amabilidad y comprensión hacía mí.
El motivo que me trae aquí, no es otro que la búsqueda de un amigo, no sé si Uds. le conocerán, ¿llevan mucho tiempo por aquí?
Pues verá Vd. llegamos los segundos o terceros, después del señor Telesfóro, el Tío Calambres, no es cierto María.
La respuesta me valía y además, algo iba ganando, el verá Vd. y el no es cierto, sólo habían sido empleados una sola vez.
Entonces creo que, dada la antigüedad, es muy probable que conozcan al amigo que busco, es o era conocido como Bonifacio "El Francés" y según las últimas averiguaciones, hace un par de años se vino a residir aquí, no sé si continua en este asentamiento, en cualquier caso, de no ser así, cualquier información que me puedan facilitar, es de agradecer. Me ayudará a continuar mí lucha.
Y dígame, ¿son muy amigos? No se parecen en nada, referente a la imagen, más que nada.
Mucho y de los buenos. Y el hábito, como Vd. sabe, no hace al monje.
Pero una buena imagen, vale más que mil palabras, no es cierto. En cualquier caso, y volviendo al tema que nos ocupa, pues verá Vd. no sé como decirle, hay ciertas informaciones que se pueden considerar de carácter reservado, no es cierto.
Cierto sí señor, lo sé ¿pero le conoce? Y gracias por lo de la imagen.
De nada. Le conozco, y lo podía catalogar como un hombre de carácter raro, extravagante, extraño, aunque muy buena persona, pero me da palo y reparo meterme en su intimidad, me entra la duda del sí debo o no debo, me da interiormente aquello de, ¡lagarto, lagarto! "Semos" muy supersticiosos por aquí.
¿Supersticiosos? ¿Entonces que hago, me voy con las manos vacías?
¿Entonces, dice Vd.? Haga lo que quiera, pero sabe Vd. me da chungo jugar con la verdad, sobre todo sí por medio juega la fatalidad, aunque, ante su insistencia y dejando a un lado el lagarto, le puedo confirmar que está... muerto, ¿no es cierto María? Se murió hace unos meses y no en la cama, en extrañas circunstancias, todavía sin aclarar.
El mundo se me vino encima, ante semejante tamaño de noticia, era lo que menos esperaba oír, ¡Bonifacio muerto! El último baluarte de la tabla de la amistad había desaparecido de la circulación y para mayor desgracia, como no podía ser de otra manera, dada su personalidad, en circunstancias extrañas y todavía sin aclarar, con lo cual quedaba de manifiesto, que era uno de los tipos diferentes que poblaban la faz de la tierra, ya que, incluso, en ese momento fatídico, no murió en la cama como les ocurre, por norma general, a la mayoría de los mortales que pasan por ese trance. Pasados unos minutos recobré la compostura y haciendo de tripas corazón, volví a la carga de la curiosidad para saber algo más de mí amigo.
No sé que decir, me ha dejado Vd. de piedra y un poco descolocado con ésta tremenda y desgraciada noticia, que en verdad no me la esperaba, ¿me puede ampliar un poco más esas circunstancias?.
Verá Vd. como poder puedo, no es cierto, pero claro hágase cargo, no me gusta remover el pasado de nadie, no trae buena suerte, además lo pasado, pasado está, no es cierto. Todo lo más que puedo hacer por Vd., es acompañarle a la que es su última morada.
Al cementerio, supongo.
No, no, de ninguna manera, verá Vd., aquí no tenemos cementerio, bueno, al menos lo que se conoce vulgarmente como camposanto, es que nos da chungo un sitio como ese, me refería en concreto a su casa, allí está enterrado mismamente, no le extrañe ni ponga esa cara, ¿habrá mejor lugar para reposar de forma definitiva que la casa de uno, dónde se va a encontrar mejor y más cómodo? Sepa, por demás, que hay antecedentes, el fundador del poblado, el Tío Calambres, está en la suya y tan ricamente. Fue el primero y le siguieron otros, no muchos esa es la verdad, pero tiene sus ventajas, ejemplo, sí te apetece hacerles una visita, no tienes que desplazarte a ningún lado, té pasas por sus casas, como quien va a tomar el té de las cinco, como hacen los ingleses, lo vi en la tele y encima, te ahorras las explicaciones a tú paisana, ella conoce en todo momento el lugar en que te encuentras, ¡María me voy a casa de fulano, y luego a la de citrano! Te distraes con un par de garimbas, por si no te gusta el té y listo. Por otro lado, ésta situación, le da un mayor realce a la amistad y te confiere la impunidad total para echar un trago, o dos, con el beneplácito de todos, es por una buena causa. Y me guiñó un ojo.
Visto así, reconozco que practico sí es, aparte de íntimo y muy recogido. Bueno amigo, no cae en saco roto su ofrecimiento, sí me lleva a la casa de Bonifacio se lo agradecería.
Vista la exposición de los hechos, pensé para mis adentros, ahora entiendo perfectamente, el por qué de cierta carga de pesimismo al pronunciar las extrañas y lapidarias frases de, " y le siguieron otros, no muchos esa es la verdad". Práctico sí y de aplastante lógica, a más muertos, más cerveza.
Eso está hecho sabe Vd. ¡María un par de cervezas! (De litro y medio)
La visión de la vivienda del amigo El Francés, no fue muy reconfortante, pequeña, de cuatro paredes, de unos 22 metros cuadrados, en una de las paredes una puerta medio desvencijada, en su interior, una serie de cachivaches desparramados hacia un rincón y en el medio y medio del suelo, de tierra, una sospecha clara, parecía como si hubiese sido removida no hacía mucho tiempo.
Perdone Vd. pero como verá, da la impresión que está media abandonada y revuelta, no es así, todo es con premeditación y alevosía y ahí, señalando un punto del suelo, en esa tierra que parece removida, está enterrado Bonifacio "El Francés". Ahí lo encontramos el día de su óbito y ahí le enterramos, no le puedo decir más. Le dimos cristiana sepultura, con permiso y bendiciones de la Guardia Civil, y allá donde esté, que nos espere muchos años, ¿no es cierto?
Amén.
La litrona de cerveza subió una vez más a nuestros labios, el cantinero y yo, brindamos y bebimos el enésimo trago por la memoria y a la salud de Bonifacio. Con una última mirada a la morada de la que en vida fue mí amigo, abandonamos el lugar en dirección al bar, llegados a este punto y sin entrar en local me despedí de la pareja, agradeciéndoles las atenciones que me prodigaron y que gracias a ellos me permitió conocer el verdadero paradero de Bonifacio, aunque no fuera el esperado. Cargado de tristeza y abrumado por un desenlace tan inesperado, tomé el camino de la ciudad, andando hasta la primera estación del metro, me quedaba por delante un gran trecho, pero era evidente que no tenía prisa alguna.
Me encontraba cansado de tan largo recorrido y un tanto aburrido del paisaje solitario y de camino pedregoso, y en la cabeza, como una losa, la triste noticia de la muerte de un amigo, esto me daba vueltas y más vueltas, tenía necesidad de hablar con alguien de tal desgracia, y quien mejor que el compañero de fatigas, el mendigo e indigente Manuel, habitual en las charlas de los últimos tiempos. Dada la hora de la noche, lo normal sería someterme a la clausura en la pensión y romper allí con toda la tensión acumulada por los acontecimientos del día, a base de dormir o al menos tratar de descansar, sin embargo me fui en busca de tan entrañable personaje. Tardé en localizarle, pero al fin, después de una hora, más o menos, de recorrer e indagar por diversos lugares, lo encontré acostado a lo largo y ancho de un banco de piedra, complemento ornamental del jardín de una conocida plaza, descansaba panza arriba mirando a las estrellas, en una noche clara cargada de un calor sofocante. Al detectar mí presencia se incorporó para hablarme,
¡Hombre Pedro, buenas noches! ¿Qué te trae por aquí a estas horas?
Pues ya ves, andaba en tú busca, tengo una necesidad tremenda de hablar con alguien y ¿quién mejor que tú? Hoy tuve un día cargado de sorpresas.
¿Buenas o malas?
Más bien malas.
Bien, pues que no se diga, siéntate a mí lado, relájate y dale al pico, que yo te escucho.
Y empecé a relatarle todo lo concerniente a la visita al Poblado del Tío Calambres, sin omitir nada le solté un buen rollo, él se había dado perfecta cuenta de la tensión nerviosa acumulada en el cuerpo, pero tuvo la delicadeza de dejarme hablar sin interrumpirme ni una sola vez en el curso de la disertación. Llegado a un punto y ante mí prolongado silencio, tomó la palabra,
Verás Pedro, todo eso ya lo sabía,
¿Sabias qué, lo de la visita al poblado?
También, aunque me refiero en particular, al fallecimiento de Bonifacio, de ahí el ofrecimiento en acompañarte. En el mundo de la indigencia, en nuestro mundo, las noticias y otras situaciones destacadas se transmiten y llegan a su punto de destino con la celeridad del rayo, no te voy a descubrir como, pero llegan, vosotros desconocéis, no llegáis a calibrar bien el poder de comunicación que ejercemos entre nosotros, en nuestro submundo las cosas no son por qué sí, ni suceden por generación espontánea, aparentemente y a vuestros ojos, parece que así es y que no hay unión entre los indigentes, craso error, porque cuando surge algún problema de cierta importancia, se resuelve por la vía rápida y no hay vuelta de hoja, se pone en movimiento la maquinaria humana individual y ya no hay marcha atrás, cada uno de nosotros es como el eslabón de una cadena, como puedes imaginar, hablo del concepto más amplio de la solidaridad y de contribución desinteresada a una causa. Pero volviendo a lo de Bonifacio, hablas de circunstancias extrañas en su muerte, sí, es verdad que las hubo y también algún que otro responsable, un principal artífice y partícipe en el desaguisado, que desembocó fatalmente en la perdida de la vida de nuestro amigo. Con esto no quiero decir que ese "responsable" sea el causante directo de todo, pero bajo nuestro punto de vista tiene comprometida su participación, aunque de momento desconocemos su identidad, no obstante, afirmo y declaro que llegaremos a descubrirlo, lo juzgaremos bajo el peso de nuestras leyes y será el instante en que, según el grado de culpabilidad, recibirá el castigo que se merece, nada queda impune.
Continuó hablando y hablando de muchos y variados temas, quería desviar mí atención de la negra y pesada carga que transportaba, me daba cuenta de los esfuerzos que hacía por arrastrar esa ansiedad al terreno de lo coloquial banal y así, tratar de disipar y rebajar un poco la tensión, lo que a la postre se tradujo en un monosílabo sobre la vida y milagros de Rebeca, que una vez más volvía a mí cerebro, pero esta vez indirectamente y por boca de otra persona. Y aunque los términos de ésta conversación no me seducían, debo reconocer que me aliviaron, a pesar del tiempo transcurrido desde que nuestras relaciones abocaron en una espantada en toda regla. La noticia de la muerte de un amigo, fue quedando atrás en mí cabeza, para dejar paso al capítulo de Rebeca, lo que fue un comportamiento irracional y censurable en el pasado, a estas horas de la noche, lo veía como una anécdota y todo gracias a los buenos oficios del amigo y compañero de fatigas.
Pues sí Pedro, entiendo que tu forma de actuar con la moza no lo podemos catalogar de buena y ejemplar, acaso decir, bajo mí punto de vista, que no era mujer para ti y no lo digo para disculparte o porque ella fuera una mala mujer y tuviera malas artes, ninguna de las dos cosas, lo que pasó es que tú creías estar enamorado de ella y no lo estabas, sí lo estuvieras de verdad, no pondrías pies en polvorosa, el amor cuando entra es como un soplo salvaje o como la mosca del sueño, pica muy adentro y te vuelves como idiota, recitas poesía, sueñas, el deseo perenne es estar siempre a su lado, te sudan las manos cuando estás cerca de ella, en fin, un sentimiento cargado de ansiedad que te pilla todo el cuerpo y tú, por mucho que digas, no padecías estos síntomas. Aunque, realmente, la chica merecía eso y mucho más.
Cómo que merecía ¿y tú que sabes?
Aparte de lo que tú me contaste, da la casualidad que la distingo, la veo de vez en cuando y en la época os vi juntos muchísimas veces, vivo en un submundo, pero también, aunque a ti te parezca lo contrario, frecuento el sobremundo y hasta transito por sus calles y tengo ojos, y estoy en condiciones de afirmar que es un bombón en toda regla, y por extensión, reprocharte que las cosas no se resuelven con una espantada, ¿y todo por qué? Porque es evidente, repito, que no estabas enamorado de ella, deslumbrado por su portentoso físico sí, además de un vacío crepuscular en tú alma por la falta de cariño y encontraste en ella el eslabón a tu soledad y a tus carencias. Es de condición humana el aclarar posturas y decidir en cada momento lo que se debe hacer o no, y tú, amigo mío, ni una cosa ni otra, actuaste como una liebre. Sí llegado el instante en que, por lógica, tocaba plantearse el futuro, lo normal sería, ya que ella así lo exponía, que hablases de tus reticencias hacia el matrimonio, porque de eso se trataba, pero no, en vez de aclarar la situación, saliste corriendo hacia no se donde sin decir ni mu. Y eso es lo reprobable y criticable de tal comportamiento.
Disiento de ti, puedo decir que, a pesar de todo, la quería, la amaba.
¿Estás seguro, o simplemente te atraía su porte acompañado de tan impresionante físico? A veces suele suceder que se confunde el amor y el cariño, con el deseo irrefrenable de amar.
Y ¿no es lo mismo?
Pues, a lo que yo me refiero no, he dicho amar y con ello, estoy tratando de que entiendas el sentido y entonación que le doy a esa palabra, o sea, amar en el sentido físico, de compartir cuerpo, de tener un ángel en tus brazos, que eso es lo que en realidad te sucedió a ti con ella, te viste deslumbrado por tanta belleza y de un reprobable deseo inconfesable, pero amor como sentimiento que habita en el corazón, no me lo creo, en esto intervienen muchísimos factores ya comentados y que tú, carecías de ellos, aunque supongo que pasión, en algunos lances puntuales, si existiría. Debes de ser consecuente y eso que dices que en la ocasión que la viste acompañada de otro tipo, te dolió y tu corazón sangraba lágrimas de sangre, es mentira, a ti lo que en realidad te martirizaba, era tu propio ego, tu orgullo y amor propio que se sintió agredido en lo más profundo de tu ser, sin darte cuenta que el egoísmo que tu rebosas en cantidades industriales, tenías que haberlo dejado en un contenedor de la basura, eres incapaz de pensar, ¿por qué no va a rehacer su vida al lado de otra persona? Vive y deja vivir. Pero no, tú, dale que te pego, inconscientemente seguías pensando y preguntándote, ¿si tan enamorada estaba de mí, como puede querer a otro? Con lo que, al fin y a la postre, la explicación es, que el que tiene que cambiar eres tú y mentalizarte que no eres el único hombre y exclusivo, en este planeta llamado Tierra y que el orgullo y el amor propio en estos casos, hay que dejarlo donde ya té dije. Ante tu postura, ella tuvo la capacidad de olvidar y superar con mucho sacrificio el trauma de tú abandono y mala conducta, concédele y deséale, al menos, el grado de felicidad que se merece.
Sí, quizá tengas razón, pero pasión si hubo y mucha.
No lo dudo, sobre todo por parte de ella, pero ¿y tú, la sentías con ese sentimiento del que hablamos, por amor o simplemente porque el guión, perdón, la ocasión lo requería y ardías en el infierno por algo inconfesable?
No, yo la quería y esa pasión desatada, me costó algún sacrificio que otro, estaba enamorado de ella, y hoy, aunque dicen que le tiempo lo borra todo, lo recuerdo perfectamente, no obstante debo de reconocer que lo veo en el tiempo, como meras anécdotas.
¿Sacrificios? Pero como puedes hablar de sacrificio, cuando intervienen dos seres que están enamorados, acaso tan sólo uno, ella sí que era un tótem del sacrificio aguantándote a ti, bueno al menos, las cosas van cambiando y hablas de ello, desinhibido y sin tensión, lo cual es un paso importante para el reconocimiento de un culpable, obviamente, tú. En cualquier caso, sí te apetece seguir hablando de sacrificios, perdón, de anécdotas, estoy dispuesto a escucharte.
Bueno, consiento porque se trata de ti y sé que lo que te cuente no va a salir de Europa. En cierta ocasión, en los soportales que tú mencionaste, en los de los Nuevos Ministerios, aprovechando que no andaba el guarda jurado por las inmediaciones, paseábamos camino de su casa, sobre las 9 de la noche, nos apostamos en la cara interna de una de las columnas, con lo cual y además, quedábamos a cubierto de las miradas de los posibles viandantes. Nos besamos apasionadamente, abrazados uno a otro, "arrejuntaitos" contra la pared de piedra, no nos dábamos respiro, mis labios recorrían sus ojos, la nariz, otra vez su boca, su barbilla, sus orejas y de repente el silbato del anónimo guarda jurado, ¡pirriiii! Fue tal el susto, por lo inesperado, que cuando quise abrir la boca para decir, vámonos, que viene, no pude y otra vez ¡pirriiiii! Pero esta vez adentro, me lo tragué. Un pendiente de oro, de esos de bolita, se había quedado preso en mí boca y con el segundo pitido, tomó el camino del estomago sin que yo pudiera hacer nada por evitarlo. Tremendo disgusto de ella, valor sentimental y simbólico, era un regalo de su abuela, fallecida hacía unos cuantos meses. Ni que decir tiene, que en mí voluntad estaba en recuperar la joya, más que nada por el tremendo disgusto que le había producido tal "perdida". No creo que tenga que explicarte con pelos y señales, el complejo sacrificio en pos de esa recuperación, llegada a la pensión y... Al día siguiente, a la hora de nuestro encuentro, le hice entrega del dichoso pendiente, limpio y reluciente y me llenó de besos. Y yo te pregunto, ¿es o no es sacrificio?
Y yo te contesto, en términos generales, lo procedente ante semejante gilipollez de pregunta, una respuesta clarificadora, sí, un sacrificio de mierda.
Ya ves memoria que me salió, aparte de la mía propia, otra conciencia en forma de indigente,
Es que lo tuyo macho, como quedó dicho en un momento de este relato, no me acuerdo (estoy perdiendo memoria) sí por mí o por tú conciencia, aunque para el caso es igual, es de Juzgado de Guardia, no me extraña nada que tu amigo el indigente, te diera la respuesta apropiada, clara y concisa. En cualquier caso, como memoria no te voy a juzgar, eso le corresponde a tú conciencia, yo lo que quiero es llenar el espacio del que carezco y de cosas de tu vida que no recuerdo y detecto, al tiempo que intuyo, que me falta información, son muchos años de vida, para tan pocos capítulos, aunque debo de reconocer que lo relatado no tiene desperdicio, pero faltan vivencias ¿o no?
Sí, así es, no obstante, ésta primera parte se cierra con la promesa que te hice sobre la vida de Bonifacio y lo prometido es deuda. Luego vendrá la segunda parte, sí me encuentro con ánimos para seguir, ¿estás de acuerdo? Aunque antes, aclarar que como sabes porque así quedó dicho anteriormente, él estuvo en varios países, el primero Francia, donde pasó su juventud, sus padres y las corrientes migratorias fueron hacia ese lado, corrían los tiempos de De Gaulle, y él a su vez, ya crecidito, emigró a Suecia, luego se pasó a Canadá, vuelta a Francia dónde yo le conocí y a continuación a España, donde pasó los últimos años de su vida.
Claro que estoy de acuerdo, es el deseo más grande que tengo, me intriga y te escucho,
Bueno ahí va, yo lo escribí bajo el lema de "BONIFACIO O EL EJE DE LA COMPOSTURA"
Bonifacio fue un personaje clásico y clínico de una época. Como buen indigente, cargado de experiencia y de otras cosas, se dedicaba a recorrer las calles de la gran ciudad, día y noche, acompañado de su inseparable carrito de mano, realizaba toda su actividad husmeando y revolviendo en los polveros y contenedores que cumplían su misión apostados en las calles, buscando en ellos con afán inusitado, toda clase de enseres metálicos o plásticos, de papel o cristal. Aquello que a nadie le servía y que todo el mundo desechaba, a él, le venían al pelo, en su concepto, reunían un valor incalculable.
A las afueras de la ciudad, en un barrio marginal, en el extrarradio de la gran urbe, había construido una especie de vivienda, un cobertizo, habitáculo natural que, de acuerdo con su forma de vida y trabajo, era a su imagen y semejanza. Constaba de cuatro paredes, como casi todas, en una de ellas la puerta, en su interior, por cama un catre, de cocina un hornillo de butano y para de contar, era su mobiliario, todo ello recogido en una superficie habitable de 22 metros cuadrados aproximadamente. Adosadas a las paredes, una serie de estanterías (o lo que fueren) en las que iba situando todo lo que encontraba por las calles, pero no los colocaba indiscriminadamente, era un buen organizador y meticuloso, viejos juguetes con piezas de juguetes viejos o nuevos que, destrozados por la ira y soberbia de los simpáticos e inocentes niños, terminaban su corta existencia en la puñetera rue, trozos de lámparas metálicas, de plástico o madera, con otras piezas más o menos de su especie, revistas con periódicos y así sucesivamente, se podía decir que, ordenadas por familias.
Una de las cualidades del bueno de Bonifacio, era la de tener en sus manos la rara habilidad de arréglalotodo y con ellas, recomponía y daba forma a objetos con piezas de otros y de esa manera, había conseguido reunir un pequeño museo de artilugios exóticos, raros, extraños y de lo más variopinto.
La pieza más preciada y apreciada por él y de la que estaba más orgulloso, era un muñecomecanicorobotizadoapilas, al cual cuando le encontró, le faltaba gran parte de su anatomía, a saber, el brazo izquierdo, los ojos y un pie, pero el gran Boni, cargado de paciencia lo fue reparando, dotándolo de todas las piezas de las que carecía, por ojos, uno de cristal y en el otro, una canica de colores, el brazo izquierdo, el injerto realizado no fue precisamente un brazo, era algo que tenía la forma de un tridente, seguramente para ahorrarse el tenedor a la hora de comer o simplemente que carecía de la pieza apropiada, ¡vaya Vd. a saber la que pensaba Bonifacio! Por pie, le colocó uno que incluía el correspondiente zapato y había pertenecido a un Muñeco Payaso de Circo, con el que no quedaba muy estético que digamos, pero al menos, tenía lo que se dice "base". Decir de pasada que la operación de injertos y similares, fue un éxito completo y sin precedentes.
El muñeco, ya recompuesto, bien vestido y aseado, con las pilas y todo (no incluidas en el precio) lo colocaba en todo caso, en un lugar preferente, en una de las estanterías (o lo que fueren) destacando sobremanera por su distinción, personalidad y acusada lucidez, dentro de aquella amalgama y mezcolanza rancia de cachivaches. De vez en cuando, sobre todo en las noches largas de invierno, al acostarse, El Boni hablaba con el muñecomecanicorobotizadoapilas, relatándole historias de su vida anterior, cuando todavía no era un indigente, bueno, él no sé consideraba un indigente, pero la gente a personas como Bonifacio, las catalogaban así. Y le contaba, lo que había sido y vivido no hacía mucho tiempo, como pasaba los días y con quien, los paseos que a diario daba por la ruta del colesterol para mantenerse en forma, de sus amigos y amistades, de su trabajo, porque él en años A, había trabajado y esto, lo del trabajo, lo remarcaba con énfasis, para que nadie y menos el muñeco, extrajera conclusiones erróneas, en fin, lo que cualquier hijo de vecino denominaba y entendía como vicisitudes de una vida. El muñecomecanicorobotizadoapilas, mostraba un interés inusual, cargado de curiosidad, cuando el Boni le hablaba de sus vivencias en épocas pasadas y le llamaba la atención algo que no estaba en consonancia con la situación real, pues, por un lado, el actual, pasaba por ser un mendigo en toda regla, mucha suciedad, unas greñas de las de aquí te espero, la vestimenta hecha unos zorros o sea, nada que objetar en este apartado, de lavarse poco y vestía interiormente como mandan los cánones (los de la indigencia). Por otro, su pasado, que nada tenía en común con el presente y el MMRAP (le llamaremos así para abreviar) se armaba un verdadero lío y no porque lo viera con el ojo de cristal, no, simplemente no entendía, en términos comparativos, la situación anterior que contaba Boni, con la actual que era la que él veía, bueno, lo de ver es un suponer. En resumidas cuentas, cualquier parecido con la realidad era mera coincidencia, y esto, se convertía en un enigma para MMRAP.
En una de esas noches oscuras, tenebrosas, en las que el viento no dejaba de silbar, llovía a mares, rugía el mar, no había mar por allí cerca, pero en las noches de invierno, porque era invierno, siempre ruge el mar ¿o no? Bueno, pues MMRAP estaba atentísimo a su Boni, los ojos fuera de sus órbitas y llenos de curiosidad positiva, Boni o Facio como se quiera, había empezado por aclarar su garganta, síntoma claro de que algo iba a relatar, el muñeco babeaba a pilas, natural y alcalinas, preso de la curiosidad e inquietud cargada de adrenalina y fue en ese crucial instante cuando el Facio, después de darle muchas vueltas al asunto, se decidió a confiarle parte de sus secretos, mejor dicho, uno de ellos.
Querido MMRAP, empezó disertando Bonifacio, antes de nada, quiero aclararte que yo nací en España, pero por avatares de la vida me críe y crecí en Francia, mis padres habían emigrado a ese país, por lo tanto yo soy un clásico diferente dentro de la emigración, sin embargo, me gustaría que obviaras lo de Francia y que entendieras este capítulo de mí vida como sí partiera de cualquier otro lugar. Lo pongo en tú conocimiento para que no tengas dudas al respecto. Bueno, a lo que íbamos. Hace bastantes años, siendo yo algo joven, emigré, como cualquier hijo de partido judicial, a un país llamado Suecia, en cuya capital Estocolmo, empecé a trabajar en un hotel muy conocido e importante, como cocinero, bueno digamos que, en principio, como pinche de cocina. El nombre del hotel no viene al caso y además, no lo entenderías, es complicado y difícil de pronunciar y aunque tú eres de Made in Yapan, de padre español creo, por lo tanto inteligente, pero todavía no estás para los idiomas. El caso es que fui escalando-trepando poco a poco, hasta que un buen día, me tropecé con la "Manager" del hotel, a la que conocía de vista, en medio de un pasillo de una de las plantas del mismo, del hotel claro, al parecer hacía rato que me buscaba para comunicarme un ascenso, yo prestaba mis servicios en el sótano, ya qué y a su decir, era muy apuesto, buen tipo, de buena figura y presencia, don de gentes y sabía idiomas, hablaba hasta ruso, en fin, me quería nombrar camarero de compañía al servicio de ciertas personalidades que se hospedaban ocasionalmente en el hotel, una vez al año. Y me nombró tú, y perdona, está claro que no sabes lo es esto, pero no te preocupes que ya te perfeccionaré (más adelante tendré que dotarle de A.I.*) Bueno, a lo que íbamos y sigo, en aquel, repito, se alojaban una vez al año y por unos días, todas las personalidades de las ciencias, de las letras y de la labor social, a saber, la investigación, la medicina, la economía, la literatura, los que luchan en pos de la paz en el mundo, etc. etc. es decir, para abreviar y lo entiendas, la flor y nata de la cultura en todas sus facetas, aunque a decir de los entendidos, solo existe una cultura, la del "Homo Sapiens", y qué, por su dedicación y estudio en sus respectivas disciplinas, fueron elegidos por una comisión académica sueca nombrada al efecto y desde hace muchos años y que se denomina NOBEL y distinguirlos con un premio que lleva el mismo nombre. No hace falta incidir en que se trata del mayor galardón del mundo mundial, que se le puede otorgar a una eminencia de éstas. Es, en el mejor de los casos, el reconocimiento expreso a cada uno de ellos, por los estudios, obras, hechos y derechos, a lo largo y ancho de toda una vida. Por supuesto, yo atendía a toda esa gente, gracias a mis enormes y magnificas cualidades, tanto personales como profesionales, en una planta del hotel, la cuarta, de ahí mi ascenso, que estaba reservada en exclusiva para el descanso y alojamiento de sus eminencias, en espera de la celebración del acto de entrega del premio, como digo, siempre al servicio de ellos como camarero de planta y compañía y me pregunto yo ¿puede haber mayor premio a una profesión? ¿Te imaginas al Cela Camilo hablando conmigo? Y mira si sería bueno en mí profesión que incluso un año de aquellos, a punto estuvieron de otorgarme el NOBEL de Hostelería. Bueno al menos se habló de ello o quizá, tan sólo fueron rumores de pasillo, en cualquier caso da igual, porque, cuando el río suena.....
*Inteligencia Artificial -Son sus siglas en inglés: A.I.
MMRAP, no sabía que decir, los colores, según se mire, le subían o bajaban por su cara ¡un amigo de él, camarero noble! O dijo ¿Un camarero NOBEL? E ahí la cuestión, ser o no ser. Hablaba para sus adentros, se le encendieron las pilas, de ahí la amalgama de colores en sus mofletes, el ojo, el de la canica, giraba sobre sí mismo a una velocidad de vértigo. En un esfuerzo sobrehumano, como desencadenante de su trance mediático, logró articular unas frases y le preguntó, medio contrariado, a su amigo, dueño y creador,
¿Y quién es ese Cela Camilo de las Narices, un personaje de ficción?
El Boni que, como de costumbre, al tiempo que hablaba, le pegaba cada lingotazo a la botella de aguardiente que temblaba más de un ministerio, yacía dormido a semidormido, como se quiera, a escasos segundos de espera ante semejante pregunta, tan sólo se oyó en el aíre, algo así como un bramido en forma de pregunta, pero que se pudo entender perfectamente,
¿Personaje de ficción? Pudiera ser, no había pensado yo en esa posibilidad. Pero después de esta reflexiva duda, Bonifacio volvió por sus fueros, cargado de indignación ¡qué me dices! ¿No sabes quien es el Camilo José? Pues si que tiene Narices el tío. Aviaos estamos con tanta cultura.
Y a continuación, la expresión tan manida y lapidaria de ¡te voy a plantar una ensaimada en todo el carrillo que te vas a enterar! ¡Inculto, deslenguado, ya te enseñaré yo, ya, la letra con sangre entra, es un paisano español y todo un personaje de las letras, de curriculun impresionante, un NOBEL de Literatura! Al menos es lo que se dice en diversos mentideros. En fin, dejémoslo, eso será otra historia, sí, ya te enterarás, con toda seguridad dará que hablar. Por cierto, lo de mentidero no viene de mentira, creo. ¿O sí? ¡Cuanta falta de ignorancia Dios mío!
Dime inteligente y diligente creador ¿qué es lo que dará que hablar, lo de la ensaimada? Preguntó MMRAP.
¡Pero cuidao que eres ignorante! Eso era una clara referencia para Don Camilo, lo de hablar, claro.
Según iban transcurriendo los días, MMRAP se encontraba mucho más seguro de sí mismo, con el paso del tiempo, iba adquiriendo cierta cultura, puesto que el Facio, por aquellas jornadas y además nocturnas, aparte de relatarle pasajes de su vida, inclusive le leía los periódicos, revistas atrasadas y ciertos libros que tenía apilados en las estanterías (o lo que fueren) y esto, sin lugar a dudas, le encantaba, intuía que entre escuchar los relatos y la lectura de las noticias de éstas publicaciones, estaba reuniendo unos conocimientos amplios sobre la base y realidad de su nueva existencia, ya casi conocía al dedillo ciertas habladurías contradictorias, de algún que otro personaje premiado con el NOBEL, pero claro, no quería señalar ni nombrar a nadie, porque su padre, el Boni, cuando le hablaban de ciertos entresijos de los famosos, era la leche, se ponía del hígado.
En uno de estos días, Bonifacio llegó a casa un poco más alegre que de costumbre, en términos alcohólicos, cargado de ron o aguardiente. En su actividad de la mañana-tarde-noche, con toda seguridad, se "encontró" con alguna botella del Súper, cuyo contenido no debía de ser precisamente agua, así era la "sopa" que traía, el caso es, que se le notaba alegre y más contento de lo habitual. Y no se hizo esperar su reacción, al entrar en casa y cerrar la puerta, estiró sus brazos hacia MMRAP, este hizo lo propio y quedó un tanto descolocado, el pobre, en principio, esperaba un abrazo de hermano, pero no, lo bajó de la estantería (o lo que fuese) sin mirarle a la cara y le dio acomodo encima de la mesa de madera como sí sé tratase de un simple florero de la cadena todo a 100. Boni se sentó en una arpillera, a ras del suelo, manteniendo en todo momento una distancia prudencial y de respeto entre los dos, aclaró su garganta y con voz grave y profunda, comenzó la disertación sorpresiva.
Estimado MMRAP, creo que es hora y momento de bautizarte y al tiempo darte un nombre apropiado, reúnes, en conjunto, una personalidad no exenta de cualidades, no todas, es verdad, pero por algo se empieza, por tanto, es el instante preciso para dejar de llamarte muñeco, con lo cual es obvio, perentorio y necesario darte un nombre, que será, en todo caso, de acuerdo con nuestras circunstancias étnicas y familiares.
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Labañou: Una historia sin nombre (Parte IV)
Autor José Luis Patiño
