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Pacoco

Labañou RECUERDOS; AMISTAD Y SOBRE TODO BUEN HUMOR

13 Febrero 2010

Labañou: Una historia sin nombre. (Parte I)

  UNA HISTORIA SIN NOMBRE

 Parte I

A las dos de la mañana en la que la noche el frío invernal era una constante, me desesperaba por mí falta de concentración en el sueño. Incapaz de dormir daba vueltas y más vueltas sobre aquel colchón en el que habitualmente era un prodigio de comodidad, pero no en ésta ocasión. Mí cerebro pateaba una y otra vez el ansiado sueño y no lo podía controlar, unas imágenes perdidas en el subconsciente hacían su aparición después de largos años de ausencia por amnesia consentida, ellas sí habían estado dormidas en el sueño de los justos hasta el día de hoy, mí cumpleaños. ¿Por qué precisamente en ésta fecha se despertaban llevándome al caos psicológico? Tenía necesidad de dormir, era lo que más ansiaba, y me sentía incapaz de dominar el cerebro y llevarlo a la tranquilidad de lo que deseaba, no encontraba la forma y manera de dejar y arrinconar en la alfombra los recuerdos que me asaltaban y no sólo con palabras, las instantáneas aparecían nítidas y desprendidas de mí memoria cual cámara digital, desgarradoras y martirizantes, como diciendo aquí estamos otra vez ¿recuerdas? ¿Nos ves? Imposible, pero nos sientes. Todavía permanecemos y asomamos a tu retina porque el olvido de las cosas no es bueno, no se puede vivir sin historia, buena o mala, todo ser humano tiene tras de sí una estela de capítulos de su vida que, aunque dormidos, hacen esa historia y tú, por supuesto, como vil mortal que eres, no careces de ellos. Y así, como Perico por su casa, te asaltamos el cerebro en pos de la intranquilidad, somos, al unísono, tu memoria, conciencia e ideas dormidas, creías que así estaban, pues no, y ya ves, nada de relajaciones, queremos verte en un estado de ansiedad cercana al paroxismo, el que las hace las paga y tú no ibas a ser menos, porque no me dirás que en ti no se pueden encontrar diversos capítulos de tú vida, en forma de personaje de lo más maquiavélico, las hiciste de todos los colores jugando con los sentimientos de los demás, sobre todo de los de ellas, ¿entonces, te vas a librar de la sentencia que te condena al fuego eterno? ¡Quiá! Eres carne de cañón, o lo que es lo mismo, no te salvarás de esa quema, arderás, tarde o temprano, en lo más profundo de los infiernos pero de momento, te toca pagar en vida todo aquello que rebasó con creces la capacidad del ser humano, para aguantar y sufrir las acometidas y envites de un ser tan irracional y deshumanizado como tú. Supongo que te vas dando cuenta por donde van los tiros, sí y te puedes valer de mí, para eso soy tu conciencia y memoria, exprímeme y verás la cantidad de lances que permanecen, aparentemente, dormidos y claro, te resistes a recordar, aunque conmigo no podrás ya lo sabes, no soy moldeable como tú. A mí me educaron para hacer el bien y tratar de comprender a los demás, ayudar, tolerar, participar, compartir, respetar, en fin todos esos valores que dignifican al ser humano y lo hacen diferente a las bestias como tú.

Pero no, corrías detrás de ellas, con ojos de cordero degollado, cargado de buenas intenciones y maneras, claro la coartada y en cuanto te tendían la mano, cogías el brazo, como mínimo, y venga que tengo prisa, no puedo perder mucho tiempo, alguien me está esperando al otro lado de la calle y desde luego no será un personaje masculino. Bien y te creías guapo, un adonis con labia y tal, reconocer si quiero, que no tenías mal gusto y te sobraba buena vista, aunque no siempre te salían las cosas a pedir de boca, claro que sí, tienes razón, nadie es perfecto algún fallo había que tener, y eso fue lo que te perdió, el relativo éxito con las mujeres a lo largo de tu vida, ¿cómo que no es relativo? ¿Acaso crees que te acompañó el éxito al cien por cien? Encima pedante, la edad hace estragos en la mente de las personas, menos mal que estoy yo aquí para desmitificar esos pensamientos de acierto total, con el tiempo se desvirtúan los hechos, lo que antes se le podía llamar un mero escarceo, tú lo conviertes en un "affaire" de grandes dimensiones.

 

¿Sí? Y que me vas a decir a mí que no sepa, claro que me acuerdo, te estás haciendo pesado con tus malas artes. ¿Si soy tu memoria como no voy a recordar a aquella, a la primera? No estaba mal no, era bajita y algo regordeta, ¿periodista? ¿Estás de coña no? Bueno sigamos, rubia, de ojos azules, simpática, besaba bien, claro que eso de los besos, no fue precisamente de modo inmediato, tampoco se llevaba, era una pasada, había que esperar un tiempo, meses diría yo. Aunque en este caso se prolongó más allá de los años, ella desapareció como por arte de magia, y tú te quedaste compuesto y sin ninguna posibilidad. Al cabo de un tiempo te enteraste que la emigración había conseguido separarla de ti, afortunadamente, se marchó a trabajar a San Sebastián y luego de un par de años de ausencia, un verano, te estaba esperando delante del edificio donde tú trabajabas quería disculparse por no haberse despedido de ti en su momento. Aquel encuentro marcó el principio del fin de algo que pudo haber sido y no fue, pero si es verdad que conseguiste saborear la miel de sus labios, pero ¡ojo! Nada más, pese a tus esfuerzos en demostrarle con empeño ciertas habilidades que poseías y que, por educación y respeto, no voy a enumerar.       

 

El sol se ponía en aquella hermosa tarde de verano del mes de agosto, y tú venga que dale diciéndole al oído no sé que cuentos venidos incluso, del arco iris, pero nada había que hacer, ella sabía que eras duro de pelar, tenía muy buenos informes de ti y no sé dejó convencer con cantos de sirena, y la liaste, quisiste pero no pudiste o no te dejó que todo hay que decirlo, le echaste las manos al cuello jurándole amor eterno. Pero que va, ni con esas, ella sabía, estaba enterada de quien y como eras, de como te las gastabas, en aquel par de años de ausencia se preocupó por ti y en su destierro, por medio de terceras personas, tubo noticias de tu vida y persona, claro la gente es así, cuando no le atañe a ellos, suelen decir la verdad y en tu caso, las o los informadores, no mintieron, se ajustaron a la verdad, con lo cual, la bien "amada", conocía vida y milagros mejor que tú mismo. Así es la vida y solo por un beso, porque de la bofetada que impacto en tu mejilla por querer demostrarle cuanto lo querías, mejor no mentarlo.

    

Si y fue una pena, desapareció de la circulación o sea, que abandonó la ciudad volvió a su trabajo en el País Vasco, mejor, porque tal como lo cuentas das a entender que quien dejó en claro las cosas con el cierre a blancas fue a iniciativa tuya y no, tú y yo sabemos que no, que sí por ti fuera todavía estarías intentando conseguir lo que todos buscan en una mujer, se te había metido entre los cuernos que aquello no iba a quedar así sin más. Bueno, sí, reconozco que hoy con los años que tienes piensas de otra manera y que lo de la vasca, era una aventura sin más particular. Y digo yo, como apostilla final que HOY ASI SERIA.

 

¡Que quieres que te diga! A mí lo del amor platónico, no me dice nada, creo que es una expresión que se utiliza para deformar la realidad de uno, o quizá, porque no podemos o no tenemos el atrevimiento de decirlo de otra manera, pero teniendo en cuenta que tú a la platónica la conocías y de vez en cuando salías con ella, pues eso. Bueno vale, la acompañabas habitualmente y reconozco que era un bombón en toda regla, un ángel del cielo de paseo por la tierra. Eres un infeliz y disfrazas la verdad, ¡amor platónico! Si te digo la verdad a mí también me gustaba, y en aquel entonces, ante la desesperación de tus cuitas,   te dije muchas veces, no hay tal desamor, lo que existe es cobardía en cantidades industriales, dile que te gusta, que le quieres, que la amarás durante el resto de los años que te queden de existencia  y si ella te dice que no, que se trata meramente de una amistad, pues nada, lloraré contigo y te ayudaré a pronunciar la palabreja esa que tanto te gusta y al mismo tiempo te escuece, ¡desamor! Pero no antes de comportarte como un enamorado fiel y ¿casto? A la fuerza. Porque a decir verdad, reconozco que cuando estabas en su compañía, te comportabas como un caballero y tal, ¿pero alguna vez te preguntaste a que se debía tanto respeto? No te quedaba otra, ella no te daba pie para otra cosa o quizá ya no recuerdas que tú actitud no siempre fue igual, claro menos mal, sí, cierto, te frenó en seco en aquella ocasión que intentaste, hombre no digo sobrepasarte, pero sí algo más que una caricia amistosa, eres una calamidad. Con ella no actuabas igual que con el resto que conocías, cierto que lo tuyo con la platónica era algo más diferenciado y profundo que con las otras, sin embargo debo decir que a ella le tenías pánico, te miraba a los ojos y ponías cara de fiera amaestrada, era así de arrebatadora y tú un acomplejado, ante sus narices te sentías inferior o al menos con una gran dosis de cobardía, imponía su carácter, aunque no sé yo, ahora que han pasado los años, si no fue mejor así, que todo quedara en el olvido. No te veo yo haciendo labores del hogar o criando familia numerosa como ella pensaba, ¿recuerdas? De casada, decía, me gustaría tener 5 o 6 hijos y tú sin abrir la boca pensabas ¿cuándo empezamos? Cuán hipócrita eras, porque de casarte nada y menos con aquella edad, y por otro lado digo ¡si no te atrevías a tocarle un pelo de la ropa! ¿Entonces? Nacerían por generación espontánea.

 

Bueno creo que es mejor dejar a la platónica, supongo que se habrá casado y sí así fue y se cumplieron sus deseos de maternidad, bastante entretenida estará y seguramente con problemas.

 

¿Qué edad tenías en aquel entonces, 16, 17?

 

Más o menos.    

 

Bueno pues para la edad, entiendo que eras un chavalote de lo más formado, maduro, con personalidad, tristón y soñador. Tus colegas no te entendían y buscabas en el sexo contrario la evasión y la comprensión, la mujer por naturaleza entiende de estas cosas y sabe escuchar, ya, no todas, aviaos estaríamos los hombres si todas reuniesen esas cualidades, nos dominarían a diario.

 

¡Ah! ¿Pero no nos dominan? En mi caso y como concepto general, siento que me dejan que las domine, ellas saben que me siento muy feliz pensando que es así, la cruda realidad es bien distinta, están por encima de nosotros, saben lo que quieren en cualquier momento, incluso, cuando proclamamos a los cuatro vientos lo mucho que ligamos, si analizas las situaciones, son ellas las que en el fondo te hacen creer que eres un ligón redomado y te vas tan contento y ellas exclamando interiormente ¡pobre imbecil! Bueno dejemos el análisis machista feminista que no conduce a nada, al menos en esta historia.

De acuerdo, pero volvamos a la época, ¿qué hacías por aquellos días, aparte de dar la vara a las mozas?

 

Pero bueno, que preguntas son esas, habíamos quedado en que eras mi conciencia y memoria, ¿no?

 

Sí, naturalmente, y no es que hubiésemos quedado, es que soy realmente tú memoria, la conciencia también existe, ya veremos, aunque en tu caso tengo dudas, no sé, pero ahora me gustaría que contestaras a la pregunta.

 

Vale, trabajaba ¿recuerdas?

 

Pues la verdad es que no, bueno sí, mis dudas se deben a que a mí lo de trabajar que quieres que te diga, ya mi abuelo lo decía, el trabajo es sagrado no lo toques o en su caso, cuando pagan por él, no puede ser bueno.

 

¡Pero que tonterías dices! Las memorias no tenéis abuelos.

 

Cuidao que eres listo, ¿tú no tenías abuelos? Pues eso, a ver si ahora resulta que te puedes desprender de la memoria, como quien se desprende de una maleta, quizá lo puedas hacer con la conciencia, pero nunca de la memoria, así que tú abuelo, por extensión, también era el mío y espero que no tengas dificultad alguna para entenderlo.

 

Pero echemos la vista atrás, ¿en qué trabajabas? Mí idea de la vida y del trabajo, en teoría, comienza un poco más delante de esa edad, 16 o 17 años son pocos para empezar a trabajar, lo cual quiere decir, a tan modesto entender, que es un poco prematuro para hacerlo, a esa edad debías de estar en el colegio, vamos que es como una pequeña desgracia.

 

Quizás sí, pero visto desde aquellos años, porque sí lo miras desde los días de hoy la cosa cambia, quiero decir con ello que no me fue mal, aunque siendo justo debería de ir más allá y reconocer que dentro de lo malo, mientras duró, terminé mí vida laboral más o menos bien, eso sí, fueron largos años de penurias cargados de injusticias y malos modos. Desde una edad muy temprana, un niño al que le exigían la responsabilidad de un hombre, pero sin derecho a abrir la boca, precisamente por ser eso, un niño. Te cambia el carácter o bien te lo cambias tú, es la única manera de ser uno mismo, de no perder la forma de pensar, la manera de ver las cosas, de tus inquietudes, de ver oír y callar, esperando el momento en que puedas liberarte de ciertas ataduras.

 

¿Y eso llega con la edad?

 

También, pero fundamentalmente, llega, creo yo, con la estabilidad, en el momento que das un salto cualitativo dentro del engranaje del mundo empresarial, cuando te vas creando un futuro y ves un hueco en un escalón por encima de lo que hacías, pasas de una situación a otra y observas con satisfacción que el trato se va diferenciando, ya no eres aquel niño, aunque en la practica los años son los mismos, cierto que no siempre cuentan con uno, sin embargo, en ciertos momentos puntuales caen de la burra y ven que existes, que estás allí e incluso alguna vez te llegan a preguntar ¿a ti que te parece, qué opinión tienes tú al respecto? Y claro, esas frases entran en un proceso de elaboración dentro de la mecánica de tú cerebro, las reciclas y reflexionas, llegando a la conclusión que en muchos años nadie te ha preguntado nada, tan solo has recibido ordenes de estricto cumplimiento, acompañadas de palabras de dudoso gusto, por decirlo de alguna manera y bueno, ante ésta nueva situación, lo normal y humano es que te sientas con un ánimo distinto y veas las cosas de otro color y por qué no, comienzas a sentirte importante.

 

Qué bien, muy edificante y poco a poco vas llegando a una edad peligrosa, los 18 años, que acompañados de esa estabilidad laboral, se va convirtiendo en un sueño casi real de libertad y por ende, en cierto desahogo económico, con ello y la edad, creas un mundo subjetivo en el que tiene cabida todo y algo más. Te lanzas al ruedo, hasta aquí, habías sido más o menos prudente, ya ves que te juzgo con cierta benevolencia, pero de ahora en adelante lo tuyo será como un hilo sin fin y no te cansarás de tirar de él. Cierto que no todo es imputable a ti, considerando que no eras mal parecido, con una estatura tirando a alto, sin átomo de grasa y todavía tenías pelo en la cabeza, de pocas palabras, pero simpático cuando la ocasión lo requería, no te iba mal entre el genero femenino, caías bien entre las niñas, ellas te acogían con simpatía y tú para no defraudarlas, te dejabas querer. 

 

Pero dejemos la letanía femenina porque intuyo que daría para más de una página, o sea que cambiemos de tema, con una reflexión sobre la realidad del momento y que es ni más ni menos que admitir y reconocer expresamente que aunque soy tú memoria,  ante estos recuerdos estoy como una pagina en blanco pero dispuesta a pasar hoja, eso sí cada una de ellas impregnadas de tus recuerdos, hasta llegar al instante en que me pueda desenvolver por mí misma, es decir hasta el capitulo cargado de letras en el que recobre la luz y ya no necesitaré de tus servicios, en tanto en cuanto, no me queda otra que contar con tú inestimable ayuda, bueno en realidad esto no es del todo cierto, es hipotético, porque siempre te tendré presente, ya sabes, tú y yo No sumamos Dos, somos UNO e indisoluble. Te escucho.    

 

Pero vamos a ver, ¿en qué lío mental me estás metiendo, sí eres mí memoria, como no te vas a acordar de los pasajes de mí vida?

Desgraciadamente, como memoria, atravieso una mala racha, pido perdón por ello, aunque, te recuerdo y valga la redundancia de recuerdos, que en este triste momento, no recuerdo o no me quiero acordar de los capítulos de tú vida, acaso lo que tengas que hacer, es un ejercicio de memoria para que las cosas, de cara al futuro, discurran con normalidad.   

 

Quizá, el diagnóstico sea, que padeces una amnesia pasajera, con lo cual no me queda otra que transigir con tú demanda, consentiré ¿Vale? Entonces sigo. Como sabes, ya que esa es tu labor principal, aunque no lo recuerdes y valga la contradicción, en los primeros años de la vida de una persona, suceden hechos que dejan huella, y yo que soy un ciudadano del mundo no podía ser menos, he pasado por ellos, cierto es, que no sé muy bien sí pueden ser interesantes o no, claro que no se trata de que sean interesantes o importantes, sino de llenar un vacío, el tuyo, en cualquier caso y lo reitero, trataré de cumplir tu deseo y completar así esa página en blanco que más adelante, me refiero a la posibilidad de llegar a la edad en la que a uno se le considera mayor y necesite recurrir a ti para tener presente, precisamente, estos capítulos de mí vida que tú ahora no recuerdas y que dado el caso, sin tú inestimable ayuda memorística, quizá, no los pueda tener presentes. 

 

Claro que no todo en la vida empieza como uno quiere, cada uno es como es y nace en donde nace, de buena o mala familia, bueno, lo de mala, habría que sustituirla por menos buena, no hay familias malas sí hablamos de clases sociales, con posibles o con hambre, en una época o en otra, amparados o desamparados. El grado de felicidad, sobre todo en los primeros años de la vida de cada cual, dependerá en gran medida de los medios económicos que puedan disponer tus mayores, así como la voluntad de inculcarte las mejores enseñanzas, los buenos principios, la educación, el respeto por los demás, la tolerancia, la solidaridad, en fin, cualidades que, en parte, nacen con uno, pero los buenos o malos ejemplos de los que te rodean, marcarán tú vida de futuro nada más nacer. Fui concebido, nací y me crié como un ser inocente que vino al mundo para no pasar desapercibido para nadie de mí entorno, lo sé, no pongas esa cara, pero ya digo de mí entorno, queda claro que ese espacio no es demasiado grande lo cual quiere decir que no me voy de prepotente, ni de una presunción rayando a la soberbia...

 

¡No te enrolles tío! 

 

Vale, seguiré, los primeros años de tan humilde existencia carecen de particularidades especiales, salvo un robo perpetrado en compañía de dos colegas a la edad de 8 años más o menos, que tuvo cierta repercusión entre jóvenes y mayores durante un par de meses, es decir, el tiempo justo para olvidar el asunto ante la falta de pistas para descubrir a los culpables, poco o nada más puedo significar de ese periodo, ¡hombre! Sí, quizá algún escarceo con las niñas, alguna bombilla del alumbrado público estrangulada ante la fina puntería de la que algunos hacían gala, piedra en la mano, bombilla reventada. Bien, pero tampoco hay que dramatizar, son pasajes de gamberradas, magnificadas por los mayores, cometidas por chicos con poca edad, que bajo la atenta mirada de la Guardia Civil, se fueron corrigiendo con el paso del tiempo.

 

Y un buen día, sin proponérmelo, llega la hora de iniciar mis primeros pasos en el mundo laboral. En una empresa de actividad mercantil, al parecer de cierto renombre e importancia, digo de cierto renombre, porque, bajo mí mentalidad e ignorancia, no me lo parecía, desconocía por completo lo que ella significaba en el ámbito social, económico y del trabajo, bueno, la verdad es que ni esa ni otras, no tenía ni la más pajolera idea de que eso existiera, supongo que en mí subconsciente yacía el conocimiento de que los bancos son bancos, los comercios son comercios, las constructoras son eso y así sucesivamente, tenían que estar allí y punto, pero plantearme de buenas a primeras que todo aquello era una magnifica razón para generar trabajo, ¡jamás!

Son de eterna negrura los primeros años, sin ton ni son aparecía en cualquier persona de tu alrededor, la represión, la incomprensión y los malos modos, se confundían los términos, el nivel de exigencia máximo hacía ti que seguías siendo un niño, pero no se la aplicaban entre los mayores, estaban por encima del bien y del mal, ante aquel panorama yo lo tenía claro, oír, ver y callar y que sea lo que Dios quiera. Problemas todos los del mundo, incluso con mis dos o tres compañeros que realizaban iguales tareas que yo. No los entendía, y por supuesto, ellos a mí, menos. Yo tenía las ideas muy claras en muchos de los conceptos de la vida, a pesar de mí corta edad. Uno debe de mantener su dignidad y no comprendía como se puede pasar de ser una persona de buenos principios, de actitud servicial, a criado bajo el yugo del servilismo, lo peor, por actitud voluntaria. Cerraba los ojos y soñaba con todo, aunque nada en concreto, me gustaba la poesía, los cuentos de hadas, el país de Nunca Jamás, la música clásica, la opera y la música ligera de cualquier índole y el panorama lo tenía de gris oscuro, trabajaba en una oficina y no me gustaba, montones de veces me preguntaba que sería lo mío, en que me gustaría trabajar, no sé. Lo que sí sabía es en lo que no me gustaba, aunque ciertamente, considerando lo que me decían mis mayores sobre las excelencias de tener un trabajo estable y seguro, no se ganaba mucho, mejor diría, casi nada, pero te mantenías limpio, aseado y parecías un señor, en la practica no había elección, oficinista para toda la vida. Entonces tendría que sacar provecho de las oportunidades que te brindaba el status y fueron viniendo en forma de correrías tras el sexo opuesto y días de fiesta. ¿O fui yo el que vi la vida de ese modo? ¿Pero qué otra cosa se podía hacer?

 

Ya lo dije anteriormente y lo repito, cumplo años, 18 y además en un momento de cierta autonomía económica estable, con ello te permites algún que otro lujo, ficticio, porque esa estabilidad te permite muy poco, pero seguimos adelante con la norma impuesta y establecida, la imagen que, sin entrar en matices, se juzga por lo que se ve, pero no por lo que se suele ser. Y esa imagen, aparte del buen tono físico, es la que me lleva a frecuentar ciertos ambientes de fiesta, involucrándome en un mundo anacrónico y de algarabía continua. Como queda dicho en un párrafo anterior de varias líneas, luego de los devaneos con la vasca y un cierto enamoramiento de la platónica, entro en una etapa de "seriedad". Me doy perfecta cuenta que los "noviazgos" no dan más que quebraderos de cabeza, por lo que de inmediato opto por el escarceo amoroso sin compromiso, "amistad" bien entendida, o sea, que sí en un par de semanas no encuentras algo más que una mano de cinco dedos, mejor lo dejas y a otra cosa. Aunque claro, no contaba con una parte de mí cuerpo que yo, después de muchos años, la defino como sana y que en aquellos tiempos me incordiaba a menudo.

 

¿Una parte sana de tu cuerpo?

 

Sí, que está en mí cerebro.

 

¿No seré yo, la memoria?

 

No, aunque quizá tenga relación contigo, me refiero a la conciencia.

 

La conciencia, ya. Pues sí, tiene relación conmigo, es mi prima.

 

Ya decía yo.

 

¿Y santo de qué sale ahora lo de la conciencia?

 

Lo digo porque en ciertos momentos de esa casi fiesta continua, vas y conoces a alguien, por supuesto femenina y te pones hablar de cosas que van más allá de lo racional, hablas sin parar y de vez cuando, sin proponértelo, cuentas alguna mentira. Luego haces recuento y esa maldita conciencia, que en otros de mí edad parecía de chicle, te masacra y no te deja tranquilo, simplemente por haber dicho esto o aquello o lo de más allá y claro, de alguna manera tenía que justificarme, el fin justifica los medios. Pero nada, ella dale que te pego, insultándome y lo que es peor me hacía chantaje emocional, comparando situaciones que no vienen al caso y mezclando a mi familia, bastantes veces me lo tiene pasado por las narices, como ejemplo,

 

¿Te gustaría que se lo hicieran a tu hermana?

 

Yo no tengo hermana.

 

Ya, pero suponte por un momento que la tuvieses.

 

No puedo suponer nada, no es el caso y no me gusta ponerme en situaciones hipotéticas, ni en la piel de los demás. Así que, no insistas.

 

Vale, pero mejor sería que recapacitaras, es cuestión de conciencia.

 

Hombre muy aguda, claro, que vas a decir tú, si eres la conciencia.

 

Y tú más agudo todavía, no soy LA, soy TU conciencia.

 

Bueno pues si eres lo que dices, déjame en paz de una vez, ya que eres mía te lo ordeno y en paz. Quiero dormir y por quítame de ahí una paja, me estás dando la vara sin parar. En vez de ayudarme me metes presión en algo que no hice o por lo menos no tiene esa importancia que tú le das.

 

Para ti, claro, ¿has pensado en la otra parte?

 

Sí y me gusta, es una chica muy mona, está de muy buen ver, le comería los ojos.

 

¡Mira que eres animal! ¿Y con qué artes llegaste a ella, te lo has preguntado? A eso me refiero ¡imbecil!                       

                  

Tonterías tuyas y no me insultes, yo le digo lo que quiere oír, ¿qué más da lo que yo sea o deje de ser, que diga o deje de decir?

 

¿Pero en verdad la quieres?

 

Hombre, querer lo que se dice querer, la verdad es que no, pero me mato por enamorarme de ella y mientras tanto... me gusta, eso sí que lo puedo asegurar.

 

Entonces, pedazo de animal, por qué la engañas diciéndole que la quieres y que la mirada de tus ojos sólo se para en ella, que tu vista no alcanza más allá de su figura, que cuando no está a tu lado vives al pairo navegando entre una tormenta de grandes proporciones de dudas y celos, y que tan solo amaina el aíre de tus males, cuando atracas en buen puerto, es decir, en el momento que llegas a sus brazos. 

                        

¿Sabes conciencia? Estás muy suelta hoy, ¡pero eres un autentico coñazo!.

 

Suelto estás tú, cuando lo normal es que estuvieses en un Juzgado de Guardia, aunque no dudo que de seguir con esa actitud, terminarás en una cloaca y no voluntariamente.

 

Bien memoria, como puedes comprender, esto es un pequeño extracto de mí pelea continua con tu prima conciencia,

 

Ya, pero entiendo que la razón le asiste, es de una moralidad aplastante, aunque ciertamente, para esa situación descripta por ti, me parece un tanto rígida e intransigente, que sé yo, en ciertos lances de la vida se debería de optar por un término medio, ser comprensivo y a veces incluso, tolerante.

 

Gracias memoria por tratar de comprenderme, no obstante como da la casualidad que estoy tratando de cubrir esos años de tu falta de memoria, no te puedo engañar, debo de ser lo más sincero posible contigo, pero ese castigo al que me somete la conciencia, está un tanto disfrazado por mí, con esto no quiero decir que no sea verdad, aunque la realidad esconde algo más grave y ella fue testigo de excepción. Te cuento y toma buena nota para el futuro.

 

Resulta que en esos años como ya queda dicho, de fiestas y demás, se me dio por cuidar la imagen a cualquier precio, pero claro te puedes suponer que el precio es muy alto y el sueldo que percibía por el trabajo más bien bajo, con la cual había que buscarse fuentes externas de financiación para dar la imagen apropiada y continuar la marcha impuesta. Total que uno va conociendo gente e incluso hace amigos de cierta situación en lo considerado como altas esferas de la sociedad, te vas arreglando como puedes, sin embargo, con el paso del tiempo, te das cuenta que el nivel de vida en el que te desenvuelves se va acercando a los números rojos, aun así sigues adelante y buscas mantener el status, de ninguna manera quieres bajar del escalón. Ante ésta tesitura, piensas, luego existes, recurres a esos amigos para que te introduzcan en ciertos ambientes, en este caso, en el del comercio, el oro está de moda y se empieza a ver en la anatomía de las personas, los signos externos, siempre fueron santo y seña de poderío, esclavas, (pulseras) relojes, sortijas, etc. etc. y yo, por no ser menos, tengo que demostrar que aquí estoy, y convenzo a ese amigo para que me introduzca en el sector de la joyería, lo llevo como aval y empezarán a contar los plazos. Soy bien recibido y adquiero una esclava de oro, a los pocos meses, creo que al quinto, me acerco al comercio a abonar el último plazo, sin problemas.

 

El dueño de tal negocio alababa mí prontitud y seriedad en cumplir el compromiso adquirido, soy un buen pagador y se brinda para que esta práctica se repita, vuelva cuando quiera, ya sabe, con gente como Vd. da gusto trabajar, las puertas de ésta casa están abiertas para Vd. de par en par.

 

Y claro que volví, a los dos días. Me compro, en las mismas condiciones de pago, una sortija con cristalitos, diamantes. Delante de mis narices el muestrario, tengo una escogida, pero mis ojos tiene la vista fija en otra que es una maravilla y prohibitiva para mí, por el precio naturalmente. La etiqueta que lleva colgada no miente. En un momento determinado suena el teléfono, el hombre, en un alarde de confianza me deja sólo ante todo aquel botín, no tengo más que estirar la mano que como un rayo se desliza desde el muestrario hacia el bolsillo del pantalón.  

 

Perdone por dejarle sólo, pero era ineludible atender esa llamada.

 

Nada, perdonado está, no sé preocupe, lo entiendo perfectamente, además, a éstas alturas, tenemos el grado de confianza suficiente para eso y mucho más.

Me alegro que lo tome de esa manera, bueno y ya está convencido de su elección, le gusta la sortija, ¿se decide por esa?

 

Pues sí, me llevaré ésta, me gustan otras, pero en este momento mí poder adquisitivo no pasa por su mejor momento.

 

Bueno por nuestra parte no hay motivo de preocupación hacia Vd. y sí un mes no puede hacer frente al pago, se acerca por aquí, me lo dice y ya está, no es un motivo para cambiar las cosas.

 

Muchas gracias, por la confianza. Bien, entonces hasta el próximo mes.

 

Se acercaba el último día del mes, con lo cual tendría que efectuar el primer pago de la última adquisición y enfrentarme cara a cara con el bueno del comerciante. Aunque no lo creas memoria, mí cuerpo no sufría alteración alguna sobre la posible imputación del robo.

 

¡Buenos días! Hice la entrada en la tienda con paso firme y en mí cara una sonrisa de lado a lado. Noté que al bueno del hombre le cambiaban los colores de su cara. Impasible me acerqué al mostrador y con voz grave, ¡qué tal como está Vd.! Vengo a realizar el segundo pago ¿todo bien?

 

No se anduvo con rodeos, fue directo y sin preámbulos al fondo del problema, aunque ciertamente algo titubeante.

 

Pues la verdad, en este preciso momento no paso por mí mejor estado anímico, aunque, de ser sincero, tendría mucho que decir, pero no sé como, me cuesta arrancar, ya que es muy grave lo que tengo manifestarle y no encuentro la manera de empezar, en fin, dada la confianza espero que no sé moleste, sin embargo...

 

No se preocupe, desembarácese de esa tensión y deje los nervios a un lado, yo le abro el camino,  ¿de qué sé trata? No será que no me puede dar más crédito...

 

No, no, se trata de algo más grave. Verá Vd. fue algo que pasó en la última vez que estuvo aquí.

 

Siga,

 

¡Uff! Que bochorno, bien, nada más abandonar Vd. el local, me puse a recoger el muestrario que yo le había enseñado y noté la falta de una muy valiosa sortija, y digo yo, sí Vd. se la habrá llevado sin darse cuenta, no le quiero ofender ni tachar de nada, sin embargo así es, faltaba esa preciosa y preciada joya.

 

Ya y por lo que dice, Vd. cree que yo me la he llevado sin darme cuenta, lo cual me implica como principal sospechoso, y digo yo, ¿no ha pensado Vd. en otra persona?

 

No, porque ni antes ni el momento de estar Vd. presente en la tienda, entró nadie, tan sólo una llamada de teléfono ¿recuerda?

 

Sí recuerdo esa llamada, pero también le digo, primero que sí me la hubiera llevado sin darme cuenta, lo normal es que viniera por aquí a devolverla. Segundo, lo lógico y natural es que de ser el caco en cuestión, no volvería a este sitio y tercero y último, que ante la duda de mí honorabilidad que me plantea, lo justo sería que yo me escandalizara y le devolviera la sortija que le compré y Vd. me satisficiera el importe del primer pago. Total y según Vd., tengo en mí poder otra joya y de más valor, ¿para qué quiero dos? Y encima habla Vd. de bochorno, del suyo claro. Del mío no ¿para qué? No obstante no voy a actuar de esa manera, yo tengo un compromiso contraído y lo voy a cumplir. Aunque podría preguntarle para su vergüenza ¿cómo puede Vd. dudar de mí? No me voy a enfadar, ni voy a decir más, sobre tan pretendido deshonor, Vd. me ha demostrado, no digo cariño, pero sí un grado de confianza muy elevado, y sobre la base de esa confianza, piense en las tres razones apuntadas y pregúntese así mismo ¿tengo delante de mí a un impostor? Y por otro lado ¿está totalmente seguro que la apuntada joya figuraba en el muestrario?

 

No sé que decir, quizá tenga Vd. razón, entiéndame que me costó mucho trabajo mentalizarme sobre la hipótesis de que fuese Vd. el responsable de tal desaparición, no estaba convencido de tal acusación, pero juraría que la joya estaba ese día en el muestrario, debo de rectificar, aunque sea a costa de una buena regañina a mí conciencia, lo expuesto por Vd. es más verosímil y razonable que mi obcecación. Tan sólo me queda pedirle perdón y que se olvide de este pequeño desliz, esperando que tal malentendido no enturbie en un futuro nuestras relaciones comerciales y mucho menos las personales.

 

¡Uff! Respiré profundamente al poner los pies en la calle. De momento el primer asalto estaba salvado, habría que esperar acontecimientos, demasiado fácil y mucho valor perdido para que las cosas salieran a plena satisfacción para mí. No creía que esto pudiera terminar sin más. Sin embargo así fue. Al siguiente mes, tal como era el compromiso adquirido, me presenté en la joyería a abonar el tercer plazo. No me atendió el dueño, sino su hija, al parecer había reforzado la "atención" al público, nada me insinuó del "affaire" y en mí actitud la pregunta de rigor,

 

¿Y don Segismundo, está enfermo?

No, no, está ocupado ¿quiere hablar con él? Sí así lo desea, tendrá que esperar un ratito.        

 

No, no hace falta, simplemente quería saber si gozaba de buena salud. Transmítale un saludo de mí parte ¡Buenos días!

 

Y aquí acabó el tema.

 

Lo tuyo chaval va más allá de lo racional, eres falso, caco, delincuente y un sinvergüenza en toda regla, y encima te quejas de tú conciencia, razón tiene y más que suficiente, para que no te deje tranquilo y te masacre a diario.

 

En el fondo reconozco que en verdad tiene toda la razón, pero que quieres, lo que me molesta es que no me deje en paz y me dé la paliza a diario, cuando por el mundo hay cosas mucho peores que las mías y no pasa nada, personas que andan por la vida como seres honorables y aparentemente son felices a pesar de las fechorías que cometen. Yo no, soy un pobre desgraciado que sufro a diario las embestidas de la conciencia, me tiene acomplejado, martirizado y sin ganas de vivir.

 

Vivir para ver, solo té falta decir que andas con el sentido de la culpabilidad a cuestas, o sea, como si fuera una mentira latente todo el mal que haces, es tu conciencia y vela por ti, aunque te fastidie e incordie, y tú, por cierto, no eres la conciencia de los demás, cada cual tiene la suya y la sufrirá. Claro que en algunos parece de quita y pon, pero en esa realidad nada tenemos que ver ni tú ni yo.     

 

Y digo yo, que después de lo dicho y extrayendo conclusiones del debate entre tú y la conciencia, sospecho que imperara una actitud de arrepentimiento por toda la anatomía de tú cuerpo. 

 

Pues sospechas mal, no me arrepentía de nada, hoy sí, pero no en aquel entonces, seguí hacia adelante con mí forma de vida. Es más, a los pocos días de pagar el tercer plazo de la deuda real contraída por la adquisición de la otra sortija, me desplacé a una localidad de la provincia en busca de dinero, es decir, a mal vender las dos propiedades que tenía en mí poder. Sabia yo de ciertos tratantes del oro sin escrúpulos y que son capaces de comprarte hasta el corazón, si con ello obtienen un beneficio y no les importa para nada la procedencia de lo que vayas a vender, no hay preguntas, sólo tasación y negocio. Ya estaba, me había deshecho de las joyas y en el bolsillo los billetes de moneda de curso legal, lo que me daba un respiro para seguir con la buena o mala vida, aunque inocente de mí, ese respiro económico tendría una duración efímera. Terminé de pagar la deuda y nunca más volví por la tienda de don Segismundo.

 

No sé querida y estimada memoria, hasta donde alcanza tu pagina en blanco de recuerdos, pero aun así, lo que procede, entiendo yo, es seguir desgranando vivencias y tú tomando buena nota y en el momento que enlacen con el principio de los capítulos de la historia que ya recuerdes, me lo dices y daremos por zanjado el tema, no hay razón alguna para continuar la narración, una vez que converjan los recuerdos ¿te parece?

 

Me parece, aunque antes me gustaría hacer una declaración de principios, mí pretensión radicaba simplemente en que sacaras a flote pasajes y pormenores de tus andanzas de don Juan, somos humanos y ciertos detalles nos pasan desapercibidos, incluso para alguien como yo que presume de memoria, sin embargo, me satisface enormemente que te dignes a contarme lo concerniente a tú vida, a todo lo que te ha sucedido en ese periodo que no recuerdo, lo bueno y lo malo porque supongo que habrá algo bueno ¿o no? Y de paso aclararte que, dentro del engranaje del cuerpo humano, mí conformismo y orgullo es total con la función para la que he sido creada y para mayor abundamiento, decir que sí desconociera parte de tu vida mal podría ser una buena memoria.

 

Quizá, pero lo bueno casi nunca cuenta para nadie, se comenta de pasada y fuera ¿para qué incidir más? ¿a quien le interesa? Se da por hecho y es lo que se espera de un ser humano, una buena trayectoria en la vida es lo normal en cada persona, nadie lo cuestiona, es lo correcto, para eso fuimos educados, hacer el bien y no mirar a quien o en su caso y simplemente, un comportamiento racional sin salirse de los cánones preestablecidos por la Sociedad. Sin embargo, lo significativo, por el morbo que arrastra, son las acciones consideradas de malas artes, todo aquello, por muy ínfimo que sea, es lo determinante para que las lenguas se desaten, claro que, como dijo el otro, el caso es que hablen de uno, aunque sea mal, o sea, que no se consuela el que no quiere.

 

Pero dada tu conciencia, no creo que lo que acabas de decir vaya contigo, creí entender que no tienes consuelo, al menos es lo que entresaco de tus confidencias. Divagaciones aparte, ¿podíamos seguir con el relato? A este paso nos van a dar las uvas.

 

A eso iba, en mí vida no cambia nada, sigo en la misma onda, pero noto que dentro de mí algo se mueve, no sé si para mejor o peor, en cualquier caso, supongo que a consecuencia de las presiones morales de un mal comportamiento, entro en una crisis de identidad, algo en mí interior se rebela, no llego a determinar por qué, ni la causa por la que se produce. Acaso el organismo rechace de plano mis actos al igual que me lo manifiesta la conciencia. ¿Será el momento de cambiar de vida? Lo es. Y me vuelvo a encontrar con la platónica, bueno esto es relativamente cierto, puesto que desde que nos conocimos, nunca dejamos de vernos o casi nunca, tan sólo en los distintos veranos que se marchaba de vacaciones con su familia a una localidad a la que yo, por razones obvias, no iba y que por lógica, perdíamos el contacto. Y fue en el retorno de uno de esos veranos cuando volví a ella. Tengo 20 años. Nada que hacer, ella en un alarde de sinceridad, me dice que me quiere y que siempre me quiso, pero también, que es tarde para reiniciar algo que pudo haber sido y no fue. Se va a otra localidad a estudiar y en consecuencia a residir allí con toda su familia, "si hasta ahora que me tenías a mano no reparaste seriamente en mí, a partir de aquí, sentenció de una manera tajante, quizá no nos volvamos a encontrar, de todas maneras no le des un sentido equivocado a mis palabras, aun en el caso hipotético que nos encontrásemos, en teoría no sería nada complicado, lo tienes crudo, no te quiero ver ni en pintura". Esto fue, más o menos, lo que me dijo, aunque con otras palabras. 

 

¿Y no la volviste a ver?

 

Sí, un par de veces, pero son situaciones que de momento no vienen al caso, prefiero dejarlo para más adelante, quizá en próximos capítulos salgan a la luz esos encuentros.

 

Bien, no me queda otra que respetar esa preferencia tuya, y dime ¿qué hiciste a partir de ahí? Porque de la forma en que me cuentas ese capítulo, deduzco que estabas enamorado de ella y te veo como decepcionado y que no contabas con semejante despedida.

 

La verdad es que no, no me esperaba que me diera una salida tan drástica, y ciertamente tengo que reconocer que estaba muy enamorado, aunque creo que fue mejor así, mí hoja de servicios no era lo que se dice inmaculada, y ella no merecía un personaje de tal calaña y con abundantes antecedentes, aunque no fueran de dominio público. No obstante, en mí fuero interno yace la clara sospecha que ella algo se imaginaba, nunca lo insinuó y creo que nunca llegaré a saberlo. Tenía clase.

 

Lo cierto es que ante esta disyuntiva, me planteo muy seriamente dejar el trabajo, cuando falla el amor, cabe en lo posible que fallen otras cosas, y las consecuencias no sé hacen esperar. La depresión hace acto de presencia, moralmente te ves abocado al abismo, los destrozos en lo anímico son irreparables. Además y por otro lado, el círculo o círculos que yo frecuento, se va estrechando, se empiezan a conocer demasiadas cosas de mí y no precisamente de loas al honor y al buen comportamiento, lo que sé traduce en una caída en picado, hacia lo más profundo y negro de un pozo sin fondo.  

 

¿Pero a donde vas a ir, pedazo de alcornoque? Me preguntaba mí otro yo.

 

No lo sé, quizá a algún sitio en el que nadie me conozca y empezar una nueva etapa de mí vidaI.

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Labañou: Una historia sin nombre. (Parte II)

Autor: José Luis Patiño

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